Carta para mamá. 10 de mayo del 2014

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Hola mamá:
Ya tengo casi 40 y te tengo que informar, por si no lo sabías, que el amor sí aumenta con los años, y lo sé porque yo misma lo he comprobado pues he de confesar que yo no te quería igual antes, que como te quiero ahora.
Te explico, cuando era niña yo recuerdo verte con toda veneración, me parecías la más alta, la más lista, la que cocinaba mejor y obviamente bonita entre las bonitas, me acuerdo perfectamente de tu cabello corto y tus ojos maquillados, me fascinaban tu manos blancas, delgadas y con las uñas siempre bien pintadas. Luego me daba por verme en el espejo y buscar en qué me parecía a ti, pero ya ves que no tuve la suerte de heredar tus ojos, ni tus manos, ni el color de tu piel ni lo manejable de tu cabello.
Entré a la adolescencia y me caías gordísima, olvidé tu voz y tu rostro en mi desesperación por encontrarme a mí misma, por tener identidad propia, libertad para encerrarme en mi cuarto y acostarme a ver el techo tapizado de pósters de Timbiriche. Te convertiste en enemiga de la noche a la mañana en ésa lucha encarnizada por el derecho a elegir si quería o no ir por las tortillas, trapear cuando llegaba de la escuela o meterme a bañar nomás porque te ardía la nariz cuando entrabas a mi cuarto-cuchitril.
Así me la llevé varios años mamá, yo sé que te acuerdas. Y me hice obediente porque un día decidí que ya me había cansado de pelear, renegar y obviamente perder, comencé a ayudarte en la casa sin chistar porque entonces ya me molestaba que mis hermanos hicieran tiradero y ya me bañaba más seguido porque el novio se hizo presente y el protocolo exige ciertas condiciones de higiene.
Fui a la universidad, me casé y me divorcié. Y te volví a ver igual de hermosa, como siempre has sido, un día que estaba sentada en uno de los bancos de la barra de la cocina. Tú estabas haciendo arroz y me explicabas: “…así para ése arroz, le pones nomás dos jitomates, un pedazo de cebolla y un ajo chiquito, luego le vas echando el agua y lo revisas…”, y yo te oía, pero al mismo tiempo no, porque te veía completa, moviéndote en la cocina. Y vi que ya era más alta que tú, que lo que traías puesto se te veía bien, que estabas cocinando con tu cabello corto y súper bien peinado, perfectamente maquillada y con las manos impecables. La misma, con más años, pero la misma que yo admiraba cuando era niña.
Y ya no me caías mal, es más, ya mejor me hacía mensa y ni me acordaba de aquellos años porque me daba vergüenza lo respondona, floja y cochina que había sido. De pilón me había atrevido a hacerme el copete como Ilse la de Flans, ponerme delineador azul rey en los ojos, todo el brillo facial de mis hormonas adolescentes y así salir a la calle contigo. Y tú aguantaste como las meras machas todos mis ridículos y mis berrinches a cambio de diplomas de a 5 pesos del Día de la Madre, rosas de terciopelo con olor y abrazos ocasionales (sin desodorante).
Tal vez no te lo he dicho nunca, pero siempre me acuerdo de lo bonito que hueles todos los días, a veces voy a tu cuarto y husmeo en tus cajones o en el clóset porque me gusta oler tu ropa. Siempre tienes cosas lindas, de ahí el robo-préstamo de aretes, pulseras y collares…o que luego no encuentres tus chocolates escondidos en el segundo cajón del buró.
No sé si yo te he enseñado algo, pero quiero decirte que yo de ti he aprendido un montón, no he tenido mejor maestra que tú y ha habido de todo, lecciones para aprender a cocinar, a tender camas como en los hoteles, a lavar trastes, barrer debajo de los sillones, curar niños de espanto, escribir con letra bonita, bailar cumbias, a no contestarle feo al hombre y mejor echarle miradas de “ya te cargó el payaso”, a no poner atención a conversaciones ajenas, a bloquear de mi mente y mi corazón a personas que no me hacen bien o no me quieren…a ser mamá simplemente.
Te dije al principio que te quería más ahora que antes porque es cierto de alguna manera, ahora te conozco más, sé quién eres como mujer, persona, hija y amiga. Conozco a la mujer completa y es hasta ahora que mi amor por ti se ha vuelto incalculable porque antes sólo eras… una mamá.
Gracias por tener los brazos siempre abiertos, tibios, suavecitos y perfumados para mí, por acariciar mi cabeza y decirme “mi niña”. No sabes de qué manera llenan mi corazón ésas palabras.
No soy la más cariñosa ni tan buena para demostrar lo que siento, afortunadamente para ti tengo tres hermanos que equilibran mi falta de apertura emocional y a eso le tengo que sumar que te he dado tres nietos que corren abrazarte cuando te ven (y como yo los parí eso cuenta), lo cual ayuda a no sentirme tan mal por aquellos diplomas re feos que te daba y porque sigo sin disfrutar el bañarme todos los días.
Mira nada más cómo es la vida de canija, ahora te veo así como cuando era niña, y pienso que siempre serás más lista, ya no me pareces tan alta pero sigues teniendo los ojos y las manos más bonitas que conozco. Me pareces generosa, apapachadora y totalmente divertida.
Quiero aprovechar para decirte lo que mi corazón luego guarda mucho por el trajín diario, los maridos, los hijos, la casa y todo eso que nos rodea y de repente nos impide tomarnos de la mano y ser sólo tú y yo, como era al principio de la historia. No debería guardarlo pero ya te salí así de defectuosa, sin embargo aquí me tienes a llore y llore mientras te escribo, doy de cenar, le limpio al perro y preparo el disfraz de mi chiquillo para el festival de mañana por el día de las madres… cómo no quererte más cada día mami si conforme avanzan los años te has vuelto mejor en todo…no te acabes mami, no te vayas nunca, no me dejes jamás…que no se vaya nunca tu olor…me falta mucho todavía para ser como tú. TE AMO

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