Chismosas somos y en el camino andamos

 

Pues te cuento amiga:

     Ya ves que ahorita estoy yendo de nuevo al gimnasio, bueno, pues ahí tienes que ya había acabado mi rutina, ése día nomás había hecho caminadora porque amanecí con un dolor espantoso en  mi rodilla (ya ves que siempre he tenido problemas) así que solo la elevé tantito y así me fui flojita, flojita durante 40  minutos y de plano me bajé porque ya sentía hasta hormigueo en los pies. Total que, como te decía, ya había terminado lo mío pero me fui a sentar a unas sillas que tienen ahí en el área de cardio, a esperar al hombre que todavía no salía de la clase de spinning y a que me regresara el alma al cuerpo  mientras me limpiaba los sudores.

     Y ahí estaba sentadita cuando veo pasar a una vieja con lycras rosas, unos shorts color turquesa encima de las lycras, una blusa pegada de manga corta y cuello hasta arriba, en un rosa más bajito y unos tenis Nike negros padrísimos. Llevaba el cabello recogido en un chongo alto.

     Te voy a confesar que yo la volteé a ver por el outfit de “me ves porque me ves” pero luego, cuando la volteé a ver de nuevo (porque obviamente desviaba la mirada y me hacía maje con el celular pa no verla así de plano descaradamente) ya estaba ella también en la caminadora y la muy infeliz ¡la había elevado como al doble que yo! Ahí me tenías, tratando de calcular hasta qué nivel había subido el aparato cuando ¡tómala! que se voltea y me ve. Ya te imaginarás la cara de pendeja que puse dizque mirando al vacío, así como si ella no estuviera interponiéndose entre mi mirada y la ventana. O sea que literal, me hice güey mientras pasaba saliva porque me dí cuenta de que la conocía.

     Ahí estaba la nueva novia de tu ex. La mugre vieja por la que te dejó. De cuerpo presente y de pilón nalgona…y me rechinaron los dientes.

     Ni modo amiga, te lo tengo que decir porque hay realidades que no pueden eludirse. La fulana está, como dice el vulgo, bien buenota. Con cintura angosta, pierna torneada…y no es fea. Y me fijé que tiene la boca rara y la nariz de chile bola. Y el pelo, ay Diosito, si tú lo hubieras visto (y como no lo viste por eso te lo cuento) así nomás sin chiste y agarrado con unas bolitas, ya ni siquiera con una liga decente amiga, no, no, no.

     Pues ahí estaba la mona, dándole muy acá en la caminadora y sintiéndose la JLo del gimnasio con las pompis bien paradas y yo escanéandola de arriba a abajo para que no se me olvidara el detalle del encuentro, porque mira, ya entradas en éstos temas escabrosos de los ex, las nuevas, las viejas, las de rebote etcétera, etc. me puse a reflexionar sobre un hecho contundente. Todos somos el ex de alguien. Y seguramente en algún lugar o en algún momento alguien más habló así de ti, de mí o de cualquier otra que conozcamos.

     Ésto es un cuento de nunca acabar y nunca habrá opiniones objetivas al respecto porque en éste tema se mueven puros sentimientos. De modo que pensé en lo que sentirá o pensará la nueva de mi ex de mí o la ex de mi actual pareja también de mí…complicado, ya lo sé, como todo lo que tiene que ver con las relaciones, estén o no estén en conflicto, porque el amor no mata pero bien que envenena.

     Vi el reloj y todavía faltaban 10 minutos para que terminara el suplicio de los de la clase de spinning y yo me debatía entre grabarla en vídeo, tomarle una foto o llamarte en ése momento pa darte los pormenores, pero mientras me escondía tras la barrera del celular ella volteó de nuevo, me vio, me sonrió…y me petrifiqué. ¿Por qué me sonreía? ¿Me conocía? ¿Sospechaba mis negras intenciones? ¿Estaba yo pensando en voz alta? Y es que su sonrisa fue amigable, honesta.

     Me puse nerviosa y comencé a echarle miradas al hombre para que ya se saliera de la clase, poder irnos y no estar en situación tan surrealista, nomás faltaba que se fuera a sentar a platicar conmigo y yo traicionándote, circunstancialmente, pero traición de todos modos. Pero nada, concentrado en el pedaleo y en no mover la cadera, no me veía el ingrato.

     Y entonces que se baja de la caminadora y se dirige hacia mí, amiguita ¡Sí!Me sudó…la frente de nuevo.

     Se acerca y me pregunta que dónde está el baño y yo así de “¡Hooolaaa! El baño está en el piso de arriba ¿eres nueva verdad?” ya sabes, con la sonrisa #54 y el tono de voz de cuando conoces a la suegra. Y me contesta: “Sí, apenas llevo dos días, está muy padre el gimnasio, me ha gustado mucho ¿Cuánto tiempo llevas viniendo?”  Y yo “Dos meses, nomás que ahorita ya acabé y estoy esperando a mi esposo”…sí amiga, ni planes de casarme y yo diciéndole “mi esposo” porque sentí que el título de novio lo hacía parecer un tanto disponible, como si estuviera frente a un depredador (nalgón) y yo escondiéndole a la posible presa.

     Después de las 5 frases que intercambiamos me volvió a sonreír y se fue. Y ya no vi si regresó o no porque por fin salió “mi esposo” de la clase y nos fuimos.

     La cosa es que no he dejado de pensar en ti, en tu dolor cuando al estúpido del Roberto se le ocurrió ponerte el cuerno y nomás decirte: “perdón” como si con eso se olvidaran 15 años de estar aguantando las inclemencias del amor, como si con eso se borraran las arrugas y las canas obtenidas. “Perdón”, como si al decirlo tú pudieras dejar de sentir lo que sentías.

     La neta me salí súper conflictuada del gimnasio, tanto que se me pasó comprar mis gorditas de horno que le pido todos los días a la señora de enfrente, para ayudarla con la venta, claro.

     Por un lado me acordaba de fulanita y me daba coraje, por ti, por mi y por todas mis compañeras, que en algún momento hemos sentido comezón en la frente. Y por otro lado pensaba en que a mi también me habían escogido cuando dejaron a otra o peor…para dejar a otra. Y ya quería llorar del estrés que me estaba provocando semejante embrollo.

     La verdad es que ella fue amable conmigo y mi descripción tiene gotas de veneno provocadas porque nunca (ni operada) voy a tener un trasero así, de ahí en más Roberto es un pendejazo porque tú estás chulísima y eres delgadita natural con el plus de tener todos tus músculos marcados por la tiranía de los pilates.

     Ella solo fue ella misma, sin saber que la conozco y que te conozco. Se portó como lo haría cualquiera, y es que nadie anda por ahí con un cartel colgando que diga con quién anduviste o con quién estás ahora.

     La manera en la que el amor nos llega no tiene por qué definirnos a fuerza como personas. Lo que te hace bueno o malo es la intención y hablar de intenciones cuando uno no tiene el poder de la clarividencia o la adivinación  es especular o dicho de modo que se entienda, es mero chisme.

     Así que ya en mi casa,  decidí dejar que el desayuno me calmara la neurosis y  al terminar mis tres quesadillas  de queso oaxaca que me tocaban,  ya estaba más alivianada.

     Resulta que JLo región 4 pagó su inscripción y mensualidad adelantada y por lo tanto va diario amiga, obviamente la veo seguido pero ya no la espío, nomás le doy una pasada a sus atuendos, que objetivamente hablando, están para llorar porque tiene un gusto pésimo. Y ya no le rechino los dientes tampoco porque después de todo ella sólo está viviendo su propia historia con él, aunque no nos guste, total, yo te he visto muy bien últimamente y ya ves que ya hasta aceptaste salir con el que te presentaron en la carne asada de hace 15 días, o sea que si las cosas salen bien y el chicle pega, te vas a convertir en la nueva de ésa relación y entonces le tocará a la ex maldecirte en silencio  (o en voz alta) y especular sobre ti.

     Y ya te dejo, porque tengo tres días tratando de terminar mi carta y nomás no puedo, ésta dieta me esta matando y me idiotiza, no puedo pensar bien y hasta de malas me pongo…veo moros con tranchete…o con lycras que es casi lo mismo.

     Hoy es ella y mañana nosotras, el mundo gira y gira y nos arrastra junto con él, pero nosotras no nos vamos a cansar nunca de especular, quejarnos y congraciarnos unas con otras. Yo sí creo que nacimos para hacerla de tos por todo…somos mujeres amiga, mujeres al fin y al cabo.

 

 

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