Mi primer amor…

 

     Tarde de sábado, de ésas perfectas porque parece que te sobra el tiempo. Subo la laptop a la recámara y ya en la cama le pido a Luis que me ayude un poco y me sugiera un tema para escribir, porque deben saber que no siempre sé cómo aterrizar una idea o de dónde sacar un tema que me inspire. Afortunadamente él de inmediato comienza con la lluvia de ideas: nuestros recorridos por el parque, nuestras peripecias por el mundo adolescente…o mi primer amor…y entonces le da al clavo, en cuanto lo dice algo se me enciende en el pecho y le digo: éso, éso me gusta.

     Y es que no he escrito nada al respecto, lo cual de repente considero un total atropello porque al abrir ése baúl los recuerdos salen en tropel y se me echan encima, me bailan alrededor, son  tantos y tan bonitos.

     Conocí a mi primer amor un día equis, no lo recuerdo porque éramos muy niños y simplemente era un chico más de la cuadra que jugaba a los Encantados con mucha habilidad. No le tuve en ése entonces un interés más allá porque cuando uno tiene 10 años no te andas con distinción de sexos, condición social, color de piel ni nada…en la calle te distingues por ser bueno para algo, ya sea correr, esconderte, saltar o pegarle a la pelota.

     Pero me llegó mi primer paquete de hormonas como a mediados de primero de secundaria y un día sentí bonito cuando  nos vimos a los ojos de manera casual, mientras caminábamos haciéndonos compañía (como muchas otras veces) de regreso a casa a la salida de la escuela.

     Supongo que a él le pasó lo mismo porque a partir de ahí comenzamos a vivir en otro tiempo, en una frecuencia a la que sólo teníamos acceso nosotros dos.

     De repente le dio por aparecerse en la papelería que tenían mis papás y que yo atendía frecuentemente por las tardes, así nomás, para comprar plumas rojas, que por cierto a cada rato se le perdían.

     Él era dos años más grande que yo y por lo tanto ya iba en tercero,era presidente de la Sociedad de Alumnos, jefe de grupo y parte de la escolta. Un cerebrito sí, pero de lo más cool como decimos ahora.

     Me pidió que fuera su novia un 12 de febrero, a la salida de la escuela, con una rosa roja y una notita amarrada con listón de celoseda. Y obviamente le dije que sí, porque me caía re bien, me gustaba y además era más grande que yo…de edad aunque no de estatura.

     Y así comenzó oficialmente ésa historia, que recuerdo con mucho cariño porque fue un amor limpio, sin fantasmas de ex novias, sin recelos por un pasado, sin las complicaciones que llegan con los años. Nosotros sólo nos queríamos ver, tomarnos de la mano, platicar y besarnos un montón.

     Pensé que todo terminaría cuando él saliera de la secundaria pero no fue así, no solamente continuó el noviazgo sino que se volvió más en serio, pasó el tiempo y para cuando yo estaba en tercero ya iba él a verme a mi casa por las noches, un ratito. Pero recién bañado, afeitado, planchadísimo, en bicicleta y con un detalle cada día.

     Una carta, un Cornetto, una Tutsi Pop, una rosa, un Carlos V, unas Canelitas o los nuevos chicles Bubbaloo con relleno líquido. Nunca llegó con las manos vacías. Y platicábamos de cómo me iba en la escuela, de la maestra que me caía gorda y sentía que me iba a reprobar, del examen de matemáticas que se acercaba, de mis entrenamientos de volibol y mis muñecas adoloridas porque usábamos balones de basquet para enseñarnos a recibir.

     No teníamos miedo de hablar de nada. Ni había cosas ocultas ni resentimiento por algo. Él hablaba del futuro, le gustaba soñar con lo que haríamos cuando fuéramos más grandes y por lo tanto más independientes. Hablaba de que nos casaríamos, de nuestros hijos y de nuestro amor por siempre. Yo volaba y sonreía embelesada y a todo le decía que sí, porque creía firmemente que estar juntos dependía en su totalidad de nuestra voluntad.

     Uno vive protegido por la ingenuidad de la niñez y luego pasa a manos del ímpetu de la adolescencia. Y no nos damos cuenta de cuánto traemos de ambas cosas y de cómo rigen nuestros actos y decisiones, así que yo realmente creía que iba a crecer con él, me casaría, tendría hijos y seríamos felices por siempre.

     Obviamente no fue así y un día mis papás anunciaron que nos cambiaríamos de casa y de ciudad al mismo tiempo en busca de mejores trabajos, otro ambiente y posible futuro para mi y mis hermanas. Lo que siguió fue un drama digno de un capítulo de la Rosa de Guadalupe.

     Él lloraba y me abrazaba prometiéndome que no iba a permitir que la distancia nos separara porque su amor por mi era más fuerte, que éso no sería un obstáculo sino un aliciente y que sólo necesitaba que yo me subiera en el mismo barco que él…pero no quise hacerlo. La verdad es que a mi me entusiasmaba el cambio, me emocionaba la idea de otra escuela  y otra gente. Estudiar era mi prioridad y soñaba con ser profesionista. Claro que quería seguir enamorada, sentir bonito, casarme y todo eso, pero no tenía la menor intención de cambiar de dirección pues la meta era llegar a la universidad.

     Supongo que fue en ésos días en los que comencé a crecer emocionalmente y me dolió darme cuenta de que él sentía más por mi que yo por él, o por lo menos así lo daba a entender con su pesar por el rompimiento.Yo no lloraba ni lamentaba el irme y sin embargo él parecía totalmente abatido.

     Le rompí el corazón, sin intención de hacerlo, pero lo hice. Y es una culpa que me acompañó mucho tiempo, de hecho los siguientes años regresé innumerables veces a visitar a mi familia y aprovechaba para hacer preguntas a quien podía acerca de cómo estaba, qué hacía y así. Necesitaba saber que estaba bien, que había una novia y por lo tanto un nuevo amor, necesitaba quitarme ése peso de encima.

     El tiempo cura todo y pone cada cosa en su lugar, así que un buen día dejé de pensar en él y seguramente solté la piedra en mi zapato porque así de repente, ya tenía mi vida hecha y deshecha. Y cuando me volví a acordar,  ya existía todo éste movimiento de redes sociales así que simplemente agarré la computadora, tecleé su nombre y ¡pum! apareció en la lista.

     Le di click y así de rápido lo volví a ver después de casi 25 años. Ahí estaba, embarnecido y con bigote, pero el mismo. Abrazando a su mujer con un brazo y a su hija con el otro en la foto de portada. 

     No pude evitar sonreír, y de repente deseé saber más, pero resultó que seguía siendo fiel al que yo conocí, un chavo reservado, y no había más información que las dos fotos disponibles, así que lo observé por un rato y luego me salí. Un poco frustrada por no saber más que lo que las caras y el lenguaje corporal decían y también contenta, porque estaba bien. Sonreían todos en la foto y eso supone un bienestar general así que sonreí de nuevo.

     Rogelio y yo éramos muy chicos, demasiado jóvenes para tomar cualquier decisión importante pero no tanto como para comenzar a construir castillos en el aire. A él le debo mi agradecimiento por un primer beso como el de las películas, recargados en un árbol y con sonrisas nerviosas como preámbulo. Corto y torpe pero al ritmo de nuestros corazones desbocados. 

     Gracias a él supe lo que significa pertenecer a alguien, y no hablo en el sentido estricto (y ofensivo para muchas mujeres) sino de saberse bien querida, pensada, necesitada y hasta soñada por ésa persona. A él le debo mis inicios en las letras porque la primera carta que escribí tenía su nombre. A él le debo mi ahora desarrollado gusto por los hombres con buenos modales pues fue un caballero y me decía constantemente que a las mujeres había que hablarles bonito siempre, porque al hacerlo sonreían y la sonrisa de la mujer que amas te alivia los pesares.

     Dicen que el primer amor nunca se olvida y en mi caso el dicho se cumple fielmente. Mis recuerdos son preciosos porque nos quisimos muchísimo. Plantamos, cuidamos y vimos crecer ése amor dejando una semilla en cada uno de nosotros. Una que creció para despertarnos y enseñarnos que éso que se siente, tan fuerte, profundo y genuino sirve como motor para moverse en el mundo.

     Lo guardo de nuevo en el baúl y me despido temporalmente, lo dejo en ése espacio (que es muy grande) en donde están todas las cosas lindas que me han pasado en la vida, las cosas especiales, las que me han ayudado a llegar a ser la que ahora soy…ay primer amor, gracias por haber existido.

 

 

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2 pensamientos en “Mi primer amor…

    • Me dejaste con la boca abierta.
      Soy tan pero tan nueva en éste mundo blogger que todavía no entiendo siquiera cómo es que la gente encuentra mi blog y me lee.
      Muchísimas gracias por tomarme en cuenta, ya he hecho mi tarea con ésto del premio.
      ¡Me has dejado muy emocionada!
      Un abrazo.

      Me gusta

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