Dicen que no hay mujeres feas sino maridos pobres…¡dicen!

Hace un par de días una amiga tuvo a bien compartir un vídeo en mi perfil de Facebook acerca de las mujeres y la cirugía plástica. Una animación que iba mostrando paso a paso los cambios físicos en una mujer, todos los que se le pueden hacer, incluso el alargarse las piernas. Termina con un final grotesco alusivo al cáncer y al desgaste natural del cuerpo causado por todas las intervenciones quirúrgicas. Horrible. Senos enormes cayéndose a pedazos, el rostro deforme y una cabeza descerebrada.

Al principio, cuando lo vi, pensé que efectivamente era un buen tema para una entrada…que algún día escribiría, pero luego comencé a ver el vídeo una y otra vez en los muros de mis contactos mujeres, con comentarios como: “mejor naturalitas”, “yo ni loca me haría eso”, “si me quiere, que me acepte como estoy”, “estoy en shock, pobres mujeres sin autoestima”, etc. Y entonces la ardilla en mi cabeza comenzó a girar la rueda.

Creo que definitiva y tristemente estamos viviendo una crisis de valores tremenda, a nivel mundial, que abarca muchos aspectos de nuestra vida pero que en éste caso, tiene mucha tela de donde cortar, pues nos pega durísimo a las mujeres de todas las edades. Niñas de 15 años en consulta con el cirujano plástico preguntando si ya se pueden operar las bubis, mujeres de 50 quitándose la panza por aquello del segundo aire (o tercero, o cuarto…) cuarentonas haciendo cita para el lifting, las de 30 con la segunda lipo, en fin, un desfile infinito femenino en busca del remedio que provoque sonrisas frente al espejo o halagos en las reuniones del café de la tarde.

Es un tema un tanto difícil que podría tornarse polémico dada la subjetividad que lo envuelve, de modo que espero que no se tomen muy a pecho la opinión de ésta pobre mujer deschichada…perdón, desdichada por no tener el cuerpo perfecto.

Nunca fui vanidosa. Si en la universidad no me andaba revisando las nalgas en el espejo para ver cómo lucían, pues menos cuando era aún más joven, Tampoco me mortificaba mi talla de brassiere y todavía era ignorante acerca de si se me veía cintura o si mis caderas era muy anchas. A mí lo que me quitaba el sueño era la maldita orzuela y andar bien depilada, en eso sí ponía atención…pero luego me casé y tuve hijos.

Y ahí, justo ahí, en la primera vez que me vi al espejo, encuerada, al mes de haber tenido a mi primer hija, se me vino el mundo encima junto con toda la carne y la grasa del universo, tooooda la tenía yo solita, en las caderas, los muslos, los brazos, los cachetes, el busto, las nalgas y claro, en la panza. De repente era como una mamá canguro, con una especie de bolsa colgante de un extremo a otro de mis caderas, los muslos me chocaban por dentro cuando caminaba y no había modo de esconder los cachetes ah, pero eso sí, usaba dos tallas más grande el brassiere y las traía duras como pelotas de goma.

Hace poco le platicaba a Luis que existen en éste mundo tres tipos de mujeres, las que se embarazan, tienen a su bebé y al mes están iguales, como si nada y sin estrías (¡malditas!); las que se embarazan, tienen a sus bebés, hacen dieta, ejercicio, tratamientos y después de un tiempo se operan, les quitan todo lo sobrante y listo (las ricas y las celebridades). Y por último estamos las que hacemos todo lo anterior pero sin poder operarnos, de modo que anda una por ahí dizque delgada pero con cangurera (o sea la despiadada panza colgante) porque no me van a dejar mentir, mucho ejercicio, mucho ejercicio, pero eso no se quita y en cambio estorba mucho a la hora de escoger un traje de baño, un babydoll con tanga, el disfraz pegadito de Gatúbela, para echar pasión o simplemente para la autoestima. Podemos tener los brazos marcaditos y las piernas sin celulitis pero la cangurera es fiel compañera, calladita y mustia…no se va y bien que jode.

Así que yo les tengo que decir que soy pro cirugía siempre y cuando sea porque uno realmente lo necesita o porque tu autoestima se ha visto diezmada por mucho tiempo a causa de ese “defecto” por llamarlo de algún modo. Estoy completamente de acuerdo en una liposucción cuando ya tuviste hijos, te cuidas y buscas que la ropa te quede mejor y darte a ti misma una mejor imagen en el espejo. Apruebo la operación de la nariz cuando de plano da vuelta primero ella que tú al doblar la esquina o bien, parece que te pegaron de chiquita y ni al IMSS te llevaron.

No estoy de acuerdo en promover en las niñas y adolescentes el modelo de belleza en donde hay que estar delgadas a como dé lugar aun a costa de su salud y mucho menos me late eso de que se anden operando el cuerpo cuando todavía ni saben de qué tamaño van a tener todo o si van a poder tener hijos siquiera.

Nada, que creo que la cirugía estética es para la gente adulta con un buen propósito. Efectivamente, pobres de las mujeres que llevan 3 y todavía no llenan, porque no ocupan un cirujano sino un psiquiatra. Pero de ahí en más creo que todo es respetable porque vamos siendo honestas, a una le entra la idea de quitarse lo que nos sobra porque no nos gusta lo que vemos y porque a los demás tampoco les gusta lo que ven en nosotras. Es triste, pero así es. ¿Cuántas veces no les ha tocado escuchar a su pareja hacer comentarios por demás aprobatorios acerca de la que ven en la tele, en la calle o en el gimnasio? Vientres planos, busto grande y firme, piernas largas y torneadas, trasero redondo y levantado, cintura pequeña, caderas anchas…y luego se acuerdan de una y dicen: “ay mi amor, pero tú eres toda mía y así te quiero”, “tú estás preciosa chiquita” o “además de seguro está toda operada”… ¿les suena conocido?

A poco no estamos súper pendientes de cuál de nuestras amigas está bajando de peso o de ¿qué talla usa cada una? Y luego está la familia, la propia y la política, pendientes de quién se ve más “repuestito”, quién comió más tamales en la cena familiar y luego porqué “está como está”. Todo influye y todavía no hablo del montón de comerciales que hay en la tele de remedios para bajar de peso, fajas para esconder las carnes y aparatos para tener un abdomen de acero…con todo eso ¿Quién no quiere operarse para estar “perfecto” en el menor tiempo posible y de manera definitiva?

Ya sé, que no debe ser así, que hay que amarse a sí misma y aceptarse y todo eso, créanme, yo de un par de años para acá me quiero un montón y no me cambio por nada, me abrazo a mí misma y soy muy feliz pero encantada de la vida me quitaba unos cuantos pedazos de piel. Voy al gimnasio, estoy a dieta y me apapachan lo suficiente como para que me sienta Kim Kardashian, neta, nunca me había sentido más segura de mi misma, de la mujer que soy, lo que puedo hacer y lo que puedo dar, pero…quiero verme como Kim y no nomás sentirme. Quiero ir de compras y encontrar siempre ropa de mi talla, pero además quiero que me luzca, que se me vea divina.

Quiero verme en el espejo y decir: “Erika, qué chula y qué buena estás. Ni ropa ocupas, reina”…y habrá quien diga que si eso quiero entonces que cierre la boca y me ponga a correr y yo le contesto “ok, adelgazo ¿y luego? ¿Qué hago con lo que ya no se pega? Con lo que queda ahí como muerto? En dónde se entrega la cangurera?…en el quirófano, ahí merito. Y si quiero bubis más grandes porque parezco tabla o porque se las acabaron mis hijos ¿Me las jalo para que me crezcan? ¿Me las levanto con cinta canela?…quirófano.

Y así me la puedo llevar alargándola porque ejemplos hay de sobra y si no, encuérense ahorita mismo y derechitas al espejo.

Hay edades para todo. Y pienso que ultimadamente, la que esté libre del pecado de la vanidad que arroje la primera piedra y aun así, si no está a favor de la cirugía estética, que respete y punto. Todas ésas veinteañeras que ni marido ni hijos ni estrés ni quehacer ni nada tienen, mejor que se guarden su opinión hasta dentro de unos 15 años, luego platicamos a ver si siguen sin querer poner, levantar o quitar algo de sus cuerpos…aunque sea nomás en sus pensamientos.

Los adelantos médicos están ahí y están por algo, la responsabilidad acerca de cómo aprovecharlos es nuestra, querer tu cuerpo, aparte de mantenerlo sano también abarca el que se vea bonito así que yo creo que cualquier cosa que nos hagamos de manera responsable y madura en beneficio propio no es condenable, al contrario, lo debemos disfrutar y no sentirnos avergonzadas por haberlo hecho…ahí disculpen la franqueza pero, si no tuviera una sola queja sobre mi cuerpo, simplemente ¡no sería mujer!

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