¿Me quedo en casa con mis hijos o me voy a trabajar?

La pregunta ¿Me quedo en casa o salgo a trabajar? fue una que no tuve problemas en responder. Cuando me casé, de las pocas cosas en las que de inmediato estuvimos de acuerdo mi esposo y yo fue en la de  quedarme en casa mientras nuestros hijos llegaran a la edad de irse a la escuela, lo que para nosotros significaba terminar el kínder, o sea como a los 5 o 6 años o bien que yo trabajaría si la economía familiar así lo requería.

Bajo tal acuerdo tuvimos a los 2 primeros y me convertí en mamá de tiempo completo, muy felizmente me quedaba en mi casa a limpiarla, hacer de comer, cuidar a mis bebés y esperar a mi marido a que llegara a comer. Estaba disponible para juntas, festivales, desfiles, citas con el pediatra y todo lo que fuera necesario, todo el día. 

Si me faltaba algún ingrediente agarraba mi carreola,sentaba a mi hijo o hijos (meter a dos es fácil si están chiquitos) y me salía a la tienda a comprar lo necesario y regresaba a seguir preparando la comida, tender la ropa o esperar al del agua, lo que se ofreciera pues.

No me sentí inútil hasta que un día, me encontré con una conocida a la que tenía mucho tiempo sin ver y me preguntó: ¿Y a qué te dedicas, Kika? Y yo: “Pues ahorita no trabajo, estoy en mi casa con mis niños” y me contesta: “Oye, qué bien, eso TAMBIÉN es muy bonito aunque de seguro extrañas trabajar”…y de ahí se nos fue la conversación recordando los trabajos en los que habíamos estado cuando solteras y así. Pero yo todo el tiempo sentía como si me estuvieran sobando la espalda y diciéndome “pobrecita”.

De ahí en adelante me comenzó a pasar algo muy raro, cada vez que tenía que escribir o decir que me dedicaba “al hogar o que era “ama de casa” en lugar de licenciada en comunicación sentía una especie de vergüenza, y si podía me ponía a dar LA explicación, ya saben: “Es que mi esposo y yo pensamos que el que yo me quede en casa es muy bueno para los chicos y como afortunadamente no necesitamos que yo trabaje pues por lo pronto así estoy”.

¡Como si quedarse en casa con dos niños pequeños fuera sinónimo de acostarse y rascarse la panza!

Y así se me fueron unos cuantos años, lo confieso, justificando mi estadía en mi hogar y buscando otras actividades para “no estar de ociosa”. Hasta que un día me cayó el veinte en una reunión con mis amigas, todas amas de casa igual que yo. Compartíamos un rato por la tarde, entre gritos de chiquillos, botanas preparadas por nosotras mismas y un delicioso clericot, del cual nos servíamos un vaso que nos sabía a gloria (no se podía más porque había que regresar a dar de cenar al marido y manejar con niños a bordo). Las oía quejándose de que a veces no tenían tiempo ni para bañarse a gusto, que el quehacer nunca se acababa, que trapeaban por la mañana y por la tarde ya tenían que volverlo a hacer, intercambiando tips de cómo quitar los rayones de crayola de las paredes y los otros hechos con pluma de los sillones de piel.

Y ahí estaba yo también hablando de que el pediatra me atendía hasta las 11 de la mañana, antes no, y yo muchas veces estaba ahí desde las diez con el niño cobijado y con fiebre (sí, así se los lleva una aunque vayan sudando); les platicaba de mi escondite, el baño, en donde me encerraba hasta por diez valiosísimos minutos y leía…o a veces simplemente me sentaba y los dejaba pasar, aunque escuchara a los niños gritando “¡mamáaaaaaa!”. Ahí lloraba, me comía un chocolate, me pintaba las uñas (una capa de esmalte nomás) o le avanzaba al libro que ya tenía como 6 meses sin poder terminar.

Salí reconfortada, de repente todo cuadraba y tenía sentido. No importaba cuántas mujeres hubiera allá afuera trabajando en oficinas, escuelas, hospitales etc., ¡Yo hacía un montón de cosas en mi casa además de criar a mis hijos! ¡Tenía más de un trabajo! El problema no estaba en mí sino en el montón de gente que ve como inútiles y flojas a las que se quedan en casa. Carece completamente de valor el asunto de dedicarse al hogar porque hoy en día la que estudia y trabaja es vista como una mujer realizada, exitosa e inteligente. Y las que nos quedamos en casa no porque la mayoría cree que lo que se hace en la casa no es nada, que limpiar y cocinar lo hace cualquiera o peor…que es como parte de la cosa esta de ser MUJER, que lo traemos en la sangre y que por lo tanto carece de mérito.

Tuve la fortuna de experimentar ambos roles, porque después conseguí empleo de medio tiempo en una universidad y entonces ya no era (ante la sociedad) una simple ama de casa, ahora ya ejercía mi profesión y me pagaban por ello. Pero ¿qué creén? El estrés es PEOR.

Trabajar significó para mí, levantarme más temprano todavía para tener a los niños listos como siempre y poder salir arreglada al mismo tiempo, dejar a mi hijo el más pequeño a cargo de la señora que contraté para que limpiara la casa, desconectarme de la mamá y concentrarme en la profesionista, correr (literal) a recoger a los otros dos de la escuela, regresar a hacer de comer rápido y rico (porque el marido no tiene la culpa de que tú trabajes y no tengas el mismo tiempo) y luego…aventar los tacones, ponerte más cómoda porque la señora se va y alguien tiene que recoger y lavar los trastes. Las tareas, las travesuras, las clases extra, todo lo demás, seguía igual…y yo terminaba muerta de cansancio a las 9 de la noche. Y no me podía dormir porque hasta ésa hora apenas podía ponerme a preparar la clase del día siguiente, revisar calificaciones o lo que sea que estuviera pendiente de mi trabajo.

Todo me trajo satisfacciones, pero quiero decirles que hoy defiendo a capa y espada a las que se quedan en su casa porque sé que no son enchiladas, que los hijos y el marido siempre dejan tiradero que una recoge y que comen 3 veces al día sin fallar, que todo lo hace una y no hablo de planchar porque entonces lloramos todas juntas nomás de acordarnos. Ni siquiera me alcanza el espacio para describir a detalle todo lo que se hace en casa y de tan cotidiano que es se vuelve invisible. Y también defiendo a la que decide trabajar y encima tiene hijos porque aunque muchas dejan de limpiar o cocinar sacrifican cosas muy preciadas como los festivales en las escuelas o tienen que dejar a sus hijos encargados cuando están enfermos,

Hay que aprender a valorar el esfuerzo de cada quien antes de juzgar a la ligera, Cuando no hay hijos todo es mucho más fácil y llevadero, yo también viví ésa etapa y era fenomenal, obvio porque prácticamente cada quién es responsable de sí mismo y más si ambos trabajan, hay dinero para pagar limpieza o dinero para comer fuera si no se tienen ganas de cocinar. Lavar y planchar ropa de adulto (sin manchas de extraña procedencia o chicles pegados) es fácil, no pesa. Todo fluye. Pero en cuanto metemos el primer hijo en escena el panorama cambia y mucho.

Mis respetos y reconocimiento para todas independientemente de lo que hagan, les aplaudo su esfuerzo para todo, por andar atrás del chiquillo pa limpiarle los mocos, por hacer de comer, por limpiar la casa, por buscar tiempo para hacer ejercicio, por salir a trabajar todos los días y de pilón bien arregladas, por ir a las juntas de la escuela, por repartir besos a pesar del cansancio, por acordarse del cumpleaños de la maestra, por ir a fiestas infantiles, por cobrar y pensar primero en lo que ocupas para la casa y luego en ti, por comprar todo en abonos (ya no se puede de otro modo)…por saber y hacer tantas cosas y que a veces nomás te paguen por una y otras veces no te reconozcan ninguna.

No queda otra más que seguir echándole ganas pero, hagamos lo que hagamos no debemos permitir que nadie minimice lo que hacemos, no cometan nunca el error de “disculparse” por lo que están haciendo en ése momento en sus vidas, las circunstancias cambian todo el tiempo y debemos comenzar nosotras mismas por valorar el simple hecho de ser mujeres, que ya desde ahí vamos de gane.

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2 pensamientos en “¿Me quedo en casa con mis hijos o me voy a trabajar?

  1. Me encanto tu post. Estoy en la misma posicion en la que te encuentras… despues de dedicar tanto tiempo a estudiar y sacar adelante tu carrera, tomar la decision de quedarse en casa para darle prioridad a mi hija fue muy dificil. Pero cuando veo el fruto de mi dedicacion y “sacrificio” … el quedarme el casa con mi hija es un privilegio!

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  2. Hola, un saludo. Todo lo que comentas es muy cierto. La familia ideal sería donde ambos esposos compartieran las labores de la casa y la crianza de los hijos. La realidad demuestra que la mayoría de las veces aunque la mujer trabaje en la calle igual tiene que responsabilizarse del hogar. Hay muchos hombres que están despertando y colaborando con sus esposas pero aún es minoría. Lo importante es que la mujer elija lo que la haga sentir bien consigo misma. También existe la culpa por trabajar y dejar a los niños al cuidado de otras personas, ya que al final no los está educando su propia madre. Hay situaciones en que la mujer incluso es madre soltera y tiene que llevar el sustento a la casa, y quedarse a cuidar a sus hijos sería un lujo que no se puede permitir. Me gustó mucho lo que compartiste con nosotras. Muy real. Gracias.

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