Ay que dolor…

Dícese por ahí que los dolores de parto son los más fuertes que existen en el universo.

Disculpen si hay ofensa en la mismísima comparación, pero ay que dolor el del desamor.

Que duro es enfrentar el desamor del ser que creías el amor de tu vida. Cuando el sueño se convierte en pesadilla o el príncipe azul en monstruo tipo bestia, cuando la ilusión se difumina de tal forma que la vida pierde el sentido por un momento de dolor tan profundo que crees que no va a parar nunca.

No sé si es el mundo moderno o la energía que lo rige, pero que desastre nos traemos, mil historias de traición, desamor, infidelidad, falta de lealtad, desinterés, muertes de o por amor; es tema muy común en las mesas de café, sobremesas, pasillos, baños, barras de bar, etc.

El punto es qué está pasando, qué estamos haciendo, qué se está perdiendo, ya no existen las historia de amor eterno, ya no hay interés en salvar, luchar y conservar.

Siguiendo con el dolor, dentro de éste, uno de los factores principales y que lastima, es darse cuenta de la propia pérdida de tu “yo”, sí, enfrentarte a que tal vez la razón de tu dolor es el mismo desamor por ti mismo; ¡qué duro!

Hablemos claro, sí es como un balde de agua fría, un disparo a quema ropa, un impacto incomparable, pero el desamor se huele, se presiente…  y si no estás alerta es una bomba de tiempo que siempre termina en desagracia.

Existen dos personajes fundamentales en este dolor tan grande, un ganador y un perdedor, que luego del paso del tiempo en la mayoría de los casos, los papeles se cambian. Ya madurado el dolor, (el tiempo todo lo cura) la pérdida y la tristeza; el que se creía el perdedor comienza a resurgir. Pero esa es historia para otra historia.

Análisis del desgaste, ya con el presentimiento y en lugar de ponernos alerta, hacemos que no pasa nada, paso a seguir, el orgullo comienza a hacerse presente, si a él no le interesa a mí tampoco –pero aún lo sientes tuyo-.

La comunicación se mina por completo, ya no hablas, ya no dices lo que sientes, estás enojado, distraído -pero aún lo sientes tuyo- entonces crees que la otra parte perderá más que tú, aquí todavía no hay ganador ni perdedor.

Pero entonces el desinterés reina de ambos lados y pum!!!… truena la bomba aquella que ya presentías, aquí -ya no lo sientes tan tuyo- y pasa lo inevitable.

¡Ay que dolor!

  • El que se queda con el amor intacto ¿cómo lo empaca, envuelve, encajuela o guarda ese amor? ¿Qué haces con él, dónde cabe si es tan grande?

  • Al que se le fugó el amor, ¿cómo fue que se esfumo, desvaneció o evaporó el amor por la otra persona?

¡Ay que dolor! no solo pierdes a tu otra mitad, tu alma y tu cuerpo no están, no sabes si se fueron  o ¡el ausente es tu propio cuerpo!

Qué dolor darte cuenta que no hay marcha atrás.

Qué dolor echar por la borda meses, años y amores que creías eternos.

Qué dolor, cuánto dolor representando en llanto, nervios, estrés, malhumor, inapetencia, etc. Ya no está tu media naranja… de tu “yo” ni hablamos, ya no sabes quién se fue primero.

¡Ay que dolor! ¿Me perdí? ¿Qué paso? No soy yo ¡Qué ansiedad! ¡Qué inestabilidad! ¿Cuándo volverá mi “yo”?

Aunque no lo creas, todo pasa.

Monstruoso paso para salir de este dolor, es reconocer que tal vez pudimos haber hecho algo, pero sin arrepentimientos aceptar que ya no lo hicimos, se terminó  ¡Ya!

Seguido de éste es darte cuenta que quedaron muchas cosas pendientes, conversaciones a medias, discusiones innecesarias, palabras sin decir, sentimientos y besos guardados, sí, pero ya no hay nada que hacer, limpia tu conciencia, no paso y no pasará, se terminó.

Acéptalo, nada que salvar, nada porque luchar.

Ya no hay amor, ya no hay nada, déjalo ir, perdonar y perdonarte es el camino para empezar de nuevo.

Lo importante es, a pesar de todo, cerrar la página si no se dio estando juntos, si no se dio en el proceso de separación, no se dará ahora y ya no se dará nunca, por eso NO están juntos, justo por eso, por no haber tenido la claridad de remediar a tiempo, salvar en su momento y con amor… es tarde, se acabó, así que mirar para adelante, que para atrás ya duele bastante.

Conclusión…

Sé por experiencia que sentirás morir, pero después del proceso inevitable de dolor, ¡Qué alivio! Ya no hay dolor, se fue, mis plegarias fueron escuchados, salió mi alma de su escondite, mi cuerpo es mío otra vez.

Lo bonito es cuando llega el día que por fin agradeces el paso por la vida de esa persona y reconoces el aprendizaje adquirido de semejante experiencia. Los recuerdos quedan, pero ya no duelen.

Ahora ya no hay culpables, no existe el bueno, ni malo, no hay buenas razones pero tampoco malas… uno y otro serán importantes entre sí SIEMPRE pero ya no hay amor, se fue, se gastó, se terminó.

Ya en el recuento de los daños, tal vez es inevitable perder algo para darnos cuenta, primero, que no era para nuestro bien, como sea que sea, no estaba destinado para nosotros, con todo y el inmenso dolor, de su partida.

Segundo teníamos que vivirlo para reconocernos a nosotros mismos, darnos un valor y sobretodo apreciar lo que nos depare nuestro nuevo destino.

El final o el nuevo comienzo…

Y después de algunos egos destrozados te das cuenta que pudiste haber hecho tanto y no lo hiciste, la ventaja, con seguridad es que el amor acumulado ahí esta y que lo más seguro es que otra persona más en el universo lo disfrutará  y además tú, con toda la madurez del mundo que dejan los tragos amargos, ahora te enfrentarás a una nueva vida, una nueva historia… ¡Créelo!

Ábrete a la nueva vida, ahora se hará presente la madurez, la seguridad, más experiencia, más confianza, la cautela también participa, te interesas más en ti, la serenidad ayuda, el arreglo personal regresa, en fin más tú.

Los nuevos comienzos son como los postres se disfrutan “después de” y sin miedo, ¿puede volver a pasar? ¡Sí! Pero ya con armazón por el golpe anterior, dolerá menos, o al menos estarás más preparada, los dolores nunca son iguales, ni los del parto, perdón por la comparación otra vez… en fin vale la pena intentar.

Tal vez no será la última lección, pero ¡vale la pena averiguar!

Pues sí, lecciones del universo que no te bastara saber, escuchar o leer, desgraciadamente las tendrás que vivir, casi ley.

Kriss me.

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