Ataque al ego bloguero

Hace unos días alguien me dijo que era una pena que lo que escribía en mi blog no reflejara la realidad sobre mi vida, es decir la persona que en realidad era. Recibí una crítica certera que específicamente se refería a que todo en mi vida parecía resuelto armoniosamente y que no hablaba nunca de la que soy cuando dudo, me enojo o me equivoco.

Eso, entre otras cosas, provocó una pausa. Mi reloj bloguero se detuvo y de repente sentí que no tenía más para escribir. Encendí varias veces la computadora con la intención de desahogar mi malestar y así poder sacarme la espina que traía clavada en el orgullo y en el ego porque cada vez me sentía más y más farsante.

Pero verán, resulta que todo éste blog soy yo, las ilustraciones, las letras, las emociones, las anécdotas, los errores de ortografía y la mala redacción que puedan encontrar, todo es mío. Soy yo intentando ser optimista conmigo misma; soy yo intentando sacar algo bueno; soy yo diciéndoles que a pesar de todo, no queda de otra más que salir adelante.

Me encontré una frase que se me quedó muy grabada porque no la había escuchado ni leído nunca: “Lo que Pedro dice de Juan, habla más de Pedro que de Juan”,  y cuando la descubrí pensé que cuadraba con lo que me estaba pasando, la reflexioné y decidí no permitir que nadie arruinara mi gusto tan reciente y tan gozoso de escribir.

Ésta que escribe tiene la capacidad de la mutabilidad. Cuando me enojo me convierto en un dragón, de ésos enormes que echan fuego y que son tan torpes, que destrozan y lastiman todo a su paso, de manera que si no es con el fuego que escupo por la boca, puedo provocar serios daños colaterales. Sí, tal vez ése sea mi peor defecto y si no, por lo menos es el más constante y dañino.

También puedo convertirme en piedra, total y absolutamente, y ser fría, dura e impenetrable. Cosa que sucede cuando intentan hacerme daño.

Un blanco fácil, con un círculo grande y rojo al centro, listo para recibir flechas…también éso puedo ser, sobretodo con personas a las que quiero. Confieso que mi capacidad para defenderme en ésas circunstancias disminuye de manera patética, al grado de poner la otra mejilla, y permito que mi autoestima se monte en un sube y baja que no se detiene hasta que el cerebro llega a poner un “hasta aquí”.

Soy muchas cosas: floja, controladora, desapegada, explosiva, inconstante, volátil, berrinchuda y…no acabo. Pero yo les pregunto ¿Acaso no estamos todos luchando de manera constante con lo que somos?

Yo sí. Lucho todos los días contra los 15 kilos de más que me cargo. Me desespero, me enojo, me canso, me boicoteo y vuelvo a empezar. Tengo pleito eterno con mis obligaciones diarias porque, quiero que sepan, que soy una fanática adoradora de dormir hasta tarde, amo mi colchón, mis sábanas y mis almohadas. Me encanta la vida cómoda y fácil…pero no me la puedo permitir porque quise tener hijos y casarme por amor y no por dinero.

Trabajo constantemente en eso de decir “Te quiero” porque se me dio la capacidad de sentir y reaccionar intensamente pero no la de expresarlo verbalmente. Dios decidió que mi habilidad para el equilibrio emocional no sería tan buena como la de otros, no sé por qué, pero se le antojó que yo fuera nerviosa, aprensiva, obsesiva y voluble, así que los que viven conmigo constantemente están a la expectativa acerca de mi buen o mal humor.

Soy miedosa, muchísimo. Oculto cosas de mí misma por temor al qué dirán y sufro de pesadillas de vez en cuando por todas las cosas que me guardo.

Antepongo las necesidades de los demás a las mías, todo el tiempo. Y si me preguntan ¿Qué quieres? contesto: Lo que tú quieras. Aunque después me tenga que aguantar algo que no quería. Soy complaciente…de más.

Todo lo anterior y un montón de cosas más, que omito porque mi memoria cuarentona convenientemente ya me falla, son mis piedras en los zapatos. Esas son las cosas que me hacen ser una mala persona, madre, hermana, hija o amiga. Y son la carga que ya forma parte de mi, como una joroba invisible.

Ésos defectos también están aquí porque cuando se escribe, uno deja ver el que es, aunque sea veladamente.

La persona que me dijo eso logró sacudirme, logró que me preguntara cosas sobre mí misma y que me pusiera a leer una y otra vez todo lo que aquí he publicado porque de repente sentí que nada valía la pena.

Pero aquí estoy, en mi blog, escribiendo lo que quiero decir, de la manera que deseo. Aceptando que al hacerlo estoy abierta a críticas, opiniones y demás manifestaciones. Todas son necesarias y bienvenidas porque si no fuera por la retroalimentación no tendría material para expresarme.

Aquí estoy, de vuelta, para escribir lo que se me pegue mi gana y declarando que cuando decidí crear éste espacio, lo hice para mí con la intención de compartir lo que yo quisiera y no para que me dijeran qué podía o no escribir.

¡Ah! También soy clavada e intensa…o sea…¡mujer al fin y al cabo!

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3 pensamientos en “Ataque al ego bloguero

  1. Me encanta todo lo que escribiste, efectivamente y no lo olvides jamás es TU blog y todo en él habla de TI, por supuesto que todos tenemos un lado oscuro, un lado complejo con el que luchamos día a día . . . Cuando el otro sólo pareciera ver ese lado, es porque justamente es ahí donde vive siempre, qué suerte que tú no!!! Un gran abrazo!

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  2. Ánimo.

    No permitas nunca que alguien (incluso nosotros, los comentaristas), podamos influir en tu estado de ánimo.
    Con demasiada frecuencia, los que comentamos, nos erigimos en jueces que pretendemos comprender toda la trayectoria de una persona tan sólo leyendo acerca de lo que escribe, y demasiadas veces sólo parte de ello o inconclusamente, permitiéndonos opinar al respecto como si os hubiéramos, literalmente, parido. Haciendo que nuestra puntual opinión, también supeditada a nuestros puntuales estados de ánimo, formas de vida o creencias, haya de ser tomada e cuenta.

    Yo personalmente, he acabado escribiendo tan sólo de cuando en cuando, debido a malas críticas por parte de quien o quienes sin conocer de nada muchas veces pensé que, como en mi caso, querían describir situaciones y/o sentimientos.
    Con los años, muchas veces huyendo y cambiando el soporte mediático, he conseguido no hacer mucho caso.
    Lo dicho, no hagas mucho caso.

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    • Gracias por el comentario, espero poder llegar a un punto en el que se me pueda resbalar cualquier comentario negativo. Cada vez que escribo lo hago desde muy dentro de mí, son muy pocas las veces en las que escribo inspirada en otras personas o tomo las experiencias prestadas. Sin duda ha sido mi primer novatada en esto de bloguear porque me dolió la crítica tanto que dejé de escribir por dos semanas. Pero lo pude hacer un lado y continuar, después de todo, es mi espacio y me lee el que quiere hacerlo.
      De nuevo gracias, un abrazo.

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