Palabras que nos hacen sonreír.

Les platico que anoche me envolvió en sus brazos, así literal, y me dijo: “Me gustas mucho, bonita”. Y con gran placer me acurruqué aún más en ese espacio que él tiene solo para mí. Me quedé quieta, escuchando su respiración y sintiendo el calor de mis mejillas ruborizadas.

Así me pasa todo el tiempo, todavía, a mi edad y con mi currículum vitae amoroso, que ni es tan largo pero sustancioso sí.

Y yo digo, que los halagos nunca dejarán de estar de moda, nunca deben guardarse y al contrario deberían usarse para todos y no sólo decirse en la exclusividad del ser pareja.

Cada vez que escucho uno se me van parando las plumas como a los pavos reales y más aun si provienen de las personas que quiero.

Pero se nos olvida y muy seguido reconocer a viva voz lo que nos gusta de nuestra pareja, nuestros hijos o de la gente que nos rodea. “Qué bonitos ojos”, “Es un excelente trabajo”, “Te quedó riquísima la comida”, ” Estás guapísimo”, “Eres una buena amiga”, “Me gusta cómo eres”, “Eres muy bueno en lo que haces” o hasta un “Te quiero”, se nos olvida muy fácil, porque nos envuelve el trajín de la vida, las dificultades, la rutina. Y entonces es difícil ver lo bueno en medio de tanto problema.

Yo no sé a ustedes cuál sea el efecto que les cause un piropo o un halago, pero a mí, me crecen las trenzas, me sale un rebozo de quien sabe donde que me envuelve y se me suben los calores y los colores a las mejillas, y así, roja y torcida agradezco el comentario y trato de hacer otro en retribución a quien me lo dijo.

Ese es el efecto inmediato y el que pueden ver los demás, pero el efecto interno, ése es más efectivo y duradero. Me siento automáticamente MEJOR en todos los sentidos. Aunque ande triste, enojada o preocupada de todos modos ése solo comentario me aliviana la carga.

Confieso que no soy muy buena para predicar con el ejemplo, pero por lo menos aquí en casa trato de decirles a los míos cuando algo me ha gustado mucho, si se ven bien vestidos o guapos. Si sus cualidades o talentos están destacando o si los quiero.

El ser amables o cariñosos puede cambiar automáticamente el día de una persona. Las palabras tiene un gran poder y así como pueden destrozar, lastimar y marcar también pueden sanar, transformar y borrar cosas malas.

Yo sé que no es fácil, porque humanamente somos presas de nuestras emociones y de la influencia de nuestro medio ambiente, pero deberíamos intentarlo, aunque sea una vez al día, decirle a alguien algo lindo, amable o cariñoso. O bien, podríamos intentar hacer lo que dice ese dicho popular: “Si no tienes algo bueno qué decir, mejor quédate callado” de modo que si no podemos hacer sentir mejor a alguien con nuestras palabras por lo menos no empeoremos su día.

Amo y agradezco todo lo que me ha tocado recibir sobretodo porque suelo no sentirme merecedora de tales palabras pero por dentro, brinco de gusto y suplico que no se acaben, que siempre tenga alguien a mi lado que me diga que soy bonita simplemente porque se siente muy bien escucharlo.

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