Y luego porqué se dice que a las mujeres nadie las entiende… ni ellas mismas.

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Duele el cuerpo… o por lo menos una parte. En mi caso es la espalda, los hombros, el brazo derecho, las piernas y el cuello, todo eso me ha dolido todo el día, casi como si me hubiera caído de las escaleras y de tantos lugares mejor acudo a la radicalidad de decir: me duele todo.

Luego está el desánimo y las poquitas ganas con las que me levanté metidas en el pants que usé en la mañana para ir al gimnasio, y que ahorita está en el cesto de la ropa sucia. No hay nada interesante, ni lo ha habido durante horas, de modo que encontrar algo bueno que decir se vuelve un ejercicio mental agotador y luego está mi boca, que simplemente no tiene ganas de hacer su función el día de hoy. Nada.

Yo no sé si soy solo yo o es una de esas disfuncionalidades propias de nuestro género: amanecer y que de repente nada te embone. ¡Es tan cansado! ¡Tan feo!

No he hecho más que ir de un lado a otro en automático, sonriendo sin querer hacerlo realmente, hablando porque no se puede nomás enmudecer y porque no me puedo colgar un letrero que diga:

“Hoy no soy mamá, amiga, compañera, novia, hija, hermana o lo que se le ocurra. Lo que ocupe déjelo para mañana porque lo que es hoy…no existo”

Simplemente no se puede. Hay que hacer todo igual y tener paciencia, mucha paciencia porque cuando se siente eso en el alma y en el cuerpo las horas se vuelven interminables, el día nomás no se quiere acabar. Incluso parece querer torturarte con más ocupaciones de las que normalmente tienes. Y entonces, ahí vas, haciendo como que vives pero sabiendo que no ha sido así.

No sabes que es… o sí sabes pero no quieres pensar más en eso y ésa es la razón de desear con todas tus fuerzas, aunque sea por unas horas… no estar parada en el lugar en donde estás.

Una tarde, una hora, un rincón, una oportunidad de llorar poquito…o mucho. Un respiro. 

Un momento para darte la oportunidad de ser vulnerable porque ésa cosa llamada realidad  te ha susurrado todo el día que no hay problema si hoy no eres tan fuerte ni tan comprensiva o agradable. Pero uno se resiste y trata de no romperse, porque si lo haces cunde el pánico, afectas, preocupas…y luego te hacen preguntas normales como ¿Estás bien? ¿Por qué lloras? ¿Qué puedo hacer por ti?todas con la intención de ayudarte, pero que una no quiere responder, porque ni para eso tienes ganas.

Y no es que se te esté cayendo el mundo encima, ni que tengas el problema más grande del mundo. Simplemente un día amaneces así, como si se te hubieran agotado las pilas y necesitaras unas nuevas para seguirle.

“…verás que mañana sale el sol…” así dicen por ahí muchas canciones, y es cierto. Así nada más, después de un día tan fatal en el que te la pasaste deseando no haberte levantado, finalmente se termina, te duermes y al día siguiente te levantas. Ya no te duelen ni el cuerpo ni el alma y continúas con tal ánimo que luego hasta te reprochas haberte sentido así, haberte tirado al piso por nada, habiendo tanta gente que realmente tiene problemas para sufrir...pero el mañana todavía no llega para mí así que escribo mientras escucho puras baladas, de ésas que son para cortarse las venas, como si sufriera mal de amores.

Y me voy a comer el chocolate que tengo en el buró porque me hace sentir bien el simple hecho de saber que delicias como ésa, existen para días como éstos en los que mis ganas se quedaron en el cesto de la ropa sucia.

Casi me atrevo a sentenciar que “mujer que no ha tenido días así simplemente no es mujer”  o es de otro planeta o es la más envidiosa y horrible que existe porque seguro tiene un secreto que no nos comparte al resto y además disfruta viéndonos sufrir… como mujeres que somospor naday por todo.

Vale, ya sé que mañana será otro día, pero de todos modos me voy a terminar el chocolate.

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5 pensamientos en “Y luego porqué se dice que a las mujeres nadie las entiende… ni ellas mismas.

  1. Creo que es normal que seamos así, depende mucho de lo que nos rodea (al menos es mi caso). Si bien amanezco alegre, al poco rato un detalle me hace enojar y después de comer ya me siento tranquila de nuevo. Sólo espero que ese chocolate haya estado delicioso 🙂

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