Cuando la infidelidad es doble…

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Para ti que me has pedido ayuda para que, tal vez,

a través de éstas letras la paz regrese a tu corazón.

     Ahí estaba otra vez. Empezaba como un golpecito en el estómago, me hacía sentir  rara, incómoda, como si de repente estuviera enferma de algo. Entonces le aprieto la mano como por instinto. Él voltea a verme, como preguntándome con la mirada si pasa algo, pero yo no puedo explicar aquello que además se antoja tonto porque no es nada, simplemente algo que sentí de repente y que me puso incómoda.

Después de un rato, Laura mi mejor amiga, me pregunta que si me siento bien, porque me veo como si no estuviera a gusto. No lo pienso dos veces y de inmediato le digo que no, que me siento como si estuviera angustiada por algo, pero que no sé qué es. Me agarra la mano y me dice que a lo mejor ya me va a bajar o que ha de ser la auditoría que harán en la oficina y que me trae preocupada. Sus explicaciones parecen tener sentido y aunque no me convenzo por completo, acepto que quizá sí sea eso.

Gracias a Dios, él no parece tener muchas ganas de quedarse en la reunión, así que nos vamos a mi casa. En cuanto llegamos me siento mejor, él busca en el refri algo de comer y yo me dirijo a mi cuarto porque me urge quitarme los tacones y ponerme algo más cómodo. Cuando regreso a la sala, él ya tiene un par de sándwiches listos junto con una cerveza. Nos acomodamos en el sofá mientras le doy una mordida al mío, pero en realidad no tengo tanta hambre. Sólo quiero estar a solas con él y que me bese ya que eso siempre me ayuda a sentirme mejor. 

Lo busco, le quito la cerveza de la mano y le susurro en el oído que quiero que se quede a dormir, que lo necesito. Me abraza y comienza a besarme, exactamente como me gusta, pero casi inmediatamente se detiene y me dice: “No puedo mi amor, de hecho me tengo que ir temprano porque mañana tengo muchas cosas que hacer, ¿te acuerdas de la computadora que se descompuso en la oficina? Pues quedaron de ir a arreglarla a las 9 en punto porque les dije que me urgía”.

Me enoja su respuesta, realmente quería…o necesitaba que se quedara. Odio que todavía no podamos vivir juntos. No le veo impedimento a algo que ambos queremos hacer. De hecho duerme conmigo más noches de las que pasa en su casa. Incluso tiene ropa y cosas que poco a poco ha ido trayendo. Para mí es cuestión de que simplemente un día entregue su departamento y se instale por completo en el mío. Claro que queremos casarnos, pero creemos en eso de vivir primero juntos, acostumbrarnos y conocernos más.

Cuando termina de cenar, me acomoda en sus piernas, me acaricia el cabello y luego la cara. De repente pone su mano en mi nuca y empuja mi rostro hacia el suyo para besarme. Lo hace despacio mientras me dice que me ama y que pronto ya no se tendrá que ir y se quedará conmigo para siempre.

Así se fueron otros dos meses, pero cada vez, ésa sensación de malestar era más frecuente. De 3 o 4 veces que dormía conmigo de repente sólo se quedaba dos o a veces pasaba toda la semana diciéndome que tenía muchísimo trabajo. Lo notaba ausente cuando estaba conmigo, como si estuviera en otro lugar. A veces cuando conversábamos ya no me contestaba y cuando le hacía preguntas sobre la conversación se disculpaba diciéndome que el estrés lo estaba matando.

Nunca fui el tipo de novia celosa que revisa el celular, la cartera o el coche. Pero un día, al contestar una llamada lo sentí nervioso al grado de salirse a la terraza para hablar “en privado”. Nunca había hecho eso y algo dentro de mí se encendió como un foco rojo. Al día siguiente quedé con Laura para tomar café como cada semana, y aproveché para desahogarme. Le conté todo, que ya casi no se quedaba, que lo sentía siempre en otro lado, que ya casi no salíamos y que la última vez que le había tocado el tema de vivir juntos de plano me había dicho que por favor no lo presionara, que en ése momento estaba enfocado en el trabajo para que lo subieran de puesto y entonces sí poder concretar planes.

Me sentía pésimo, como ésas novias egoístas y exigentes, pero de plano me atreví a preguntarle a Laura: ¿Tú creés que me engaña con otra? o ¿crées que estoy haciendo una tormenta en un vaso de agua? Ella sonrió y negó con la cabeza diciéndome: “Yo no creo que te engañe, él no es así. A mi se me hace que te has sentido sola y como él se volvió el eje de tu mundo, con poquito que se aleje y no te ponga atención pues te sientes así. Si ya te dijo que es el trabajo, mejor apóyalo y no lo presiones, total, eso es pasajero, ya verás que todo se arregla”.

Regresé a mi casa sintiéndome muy tonta, desconsiderada y desleal por haberme atrevido a pensar que me engañaba. La verdad es que Laura tenía razón, yo estaba tan entusiasmada con el plan de vivir juntos que sólo pensaba en eso, compré el edredón nuevo sin el estampado de flores que me gustaba para ir dándole un equilibrio a la decoración del departamento. Incluso ya le había comprado un par de camisas y ropa interior para que tuviera más cambios. Compraba comida que  le gustaba para que hubiera en el refrigerador e incluso estaba buscando un gimnasio cerca para cuando pudiéramos ir juntos.

Me sacudí todos ésos pensamientos de la cabeza y decidí apoyarlo más, hasta busqué en internet cómo hacer masajes relajantes para sorprenderlo cuando llegara muy estresado del trabajo.

 Pero las mentiras tarde o temprano se descubren. Faltaban dos días para su cumpleaños y yo había planeado que fuera uno que él recordara siempre, así que, como caía en viernes, pensé en darle un regalo cada día desde el lunes. El primer día le envié comida a la oficina, de su restaurante favorito. Me llamó emocionado para darme las gracias y quiso que hiciéramos el amor en cuanto llegó a verme. El martes lo invité al cine, pagué todo y luego fuimos a cenar. El miércoles mi plan era sorprenderlo en su departamento, yo tenía un duplicado de llaves, así que fui y preparé todo, puse velas, compré vino y me puse un vestido que yo sabía que le encantaba. Por la mañana le dije que ése día no lo vería porque tenía un compromiso para cenar con mis papás en cuanto saliera del trabajo y de ése modo le daría la sorpresa cuando regresara a su casa.

 Escuché la llave que abría la puerta y mi corazón dio un vuelco de emoción, pero enseguida escuché risas, susurros…ruidos extrañamente conocidos. Me levanté de la cama y caminé hacia la puerta pero no pude abrirla. Quería oír más.

Respiraciones fuertes, más risas. La sorprendida era otra.

De repente estaba parada atrás del sofá sin poder creer lo que estaba viendo. Era Laura, eras sus risas, sus brazos alrededor del cuello de mi novio y él besándola.

Tres días después recibí un correo, ella me pedía perdón e intentaba explicarme cómo fue que se había enamorado de él. Más irónico no podía ser, pues alegaba que había sido precisamente yo, hablándole de él de cómo me trataba, de sus detalles y su manera de pensar. Yo se lo había metido poco a poco en la mente y en el corazón de tanto que le compartía. Tuvo el acierto de decirme que tenían casi un año así, que al principio él no quería y que se sentía muy mal, que incluso habían intentado terminarpor mí. Pero que eso había crecido como bola de nieve y que en los últimos meses ninguno de los dos sabía qué hacer para arreglar ésa situación sin lastimarme.

Ya han pasado casi 4 meses, con días que parecen tener más horas de lo normal y rodeada de personas que me dicen que estoy demasiado delgada. A veces simplemente no sé qué día es. Tal vez porque muy seguido la noche se hace día y yo aún no he cerrado los ojos. He roto casi todas las tazas que tenía y ahora me tengo que tomar el café en el vaso de plástico que me regalaron en el cine. Ya perdí la cuenta de todas las veces que he deseado que se mueran los dos, que el karma los alcance y su relación se vaya al carajo como se fue la mía. Ni siquiera he podido distinguir cuál traición me duele más porque cuando lloro, lo hago por todo junto. Los recuerdos de mi vida con ambos se entremezclan y no puedo, sencillamente no puedo parar.

En ocasiones el cuerpo no me responde, no se mueve y me quedo así, quieta, acostada y escuchando mi respiración, preguntándome ¿Qué hice mal? ¿Porqué a mí? ¿Porqué no terminó conmigo? ¿Hasta cuando íbamos a estar así si no los descubro? ¿Quién más sabía? ¿Porqué no me di cuenta antes? ¿Qué voy a hacer ahora?y nadie me contesta. 

De repente, mi novio, con el que tenía planes para vivir juntos, con el que compartía mi vida, al que amaba y con el que quería tener hijos…ya no estaba. Y mi mejor amiga, a la que le contaba todo, a la que acudía sin pensarlo cuando algo me pasaba, la que reía conmigo…ya no estaba. 

Mi trabajo dejó de tener sentido, el departamento me asfixiaba porque estaba “lleno” de él, mi familia hacía preguntas y mis demás amistades me veían con compasión.

Sé que voy a estar bien, sé que el odio se irá, que la rabia no me comerá y que Dios no tardará en enseñarme de qué se trata la lección completa. Y ellos…sólo sé que nunca tendrán una relación sana, lo sé porque para eso se necesita confianza y ése es un valor que no pude existir en las relaciones que se dan de ésa manera. El ser infiel no es más que el resultado de una falta de valores, si el amor se acaba entonces hay que decirlo. Pero lo que ellos me hicieron durante todo ése tiempo será siempre una sombra en su relación pues está basada en la mentira y el engaño. No me toca a mí juzgar, lo sé, pero digo lo que pienso basándome en lo que la gente me dice todo el tiempo…la vida siempre se encarga de regresarte todo lo que das. Bueno o malo.

Necesito estar bien. Quiero volver a respirar. Quiero que me deje de doler todo cada minuto de mis días. Extraño tanto ser yo. Mi madre me abraza, me trae comida y me pide que me vaya a vivir con ellos de nuevo, aunque sea por un tiempo, acaricia mi cabeza y me dice quedito en el oído: “Mi niña, no llores. Déjame cuidarte, deja que mamá te cure el alma”. Y yo cierro con fuerza los ojos en un intento de parar mis lágrimas y con la cabeza le digo que sí...porque después de todo el tiempo que ha pasado, he perdido fuerza, mi cerebro ya no piensa y mi corazón está vacío…y así, sin decirle nada, me levanto y la abrazo también. 

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