Él es así…

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Él es como son casi todos los hombres, distraído y desparpajado. Se levanta con un bostezo y con las mismas palabras de siempre “Arriba amor, ya es hora”, va al baño, se lava la cara, los dientes y luego se viste, también como muchos hombres lo hacen: sin ver lo que se están poniendo. De modo que a veces pienso que parece caja fuerte y yo tan “antes muerta que sencilla”, pero a él las texturas, los colores y los cánones de moda lo tienen completamente sin cuidado, así que se viste y se baja a hacer lo que le toca.

Su 1.83 le permite una mejor vista cuando camina y la seguridad en sí mismo le da un ritmo muy masculino a su andar. Es harto amable con la gente, saluda aunque no conozca y sonríe. Es noble y le gusta hacer cosas por los demás aunque en ello se le vaya su ración de ganas del día y no como yo que las prisas mañaneras me pueden hacer ladrar si algo me sale mal.

A veces pienso que no pude haber encontrado un hombre más diferente a mí, que soy ansiosa, atrabancada, enojona y con mi seguridad montada siempre en un “subibaja”.

Pero aquí estamos, y yo no hago otra cosa más que agradecer que así sea porque verán, yo no sé ustedes qué buscan en un hombre pero supongo que igual que yo, dependiendo de la edad, es como fueron cambiando sus expectativas.

Yo siempre quise alguien romántico, detallista, responsable, trabajador y claro, guapo. Luego hay quien quiere que sea sociable, bueno para bailar, amable, simpático y cariñoso. La lista la puedo hacer larga pero ¿saben qué?…son igual que nosotras y hay de todo como en el tianguis de los domingos.

Una cosa es lo que quieres, lo que deseas y otra lo que necesitas. Pero ésto último uno no lo entiende o no lo toma en cuenta hasta que pasan los años y de repente entiendes que estás con el que estás porque era justamente lo que querías y lo que necesitabas o bien, ya no estás con el que escogiste porque aunque quisiste mucho ya no cuajó, no era lo que necesitabas.

Tener las dos cosas juntas es una suerte, misma que junto con un gran trabajo de pareja, logran ésas relaciones que merecen aplausos y celebraciones porque 20, 30, 40 o hasta 60 años de casados no se logran así nomás porque pasó el tiempo y se les hizo fácil.

Yo no sé cuánto me vaya a durar el gusto con el del 1.83, pero por ahora puedo decir que lo quería para mí y que resultó ser en muchos aspectos justo lo que necesitaba. Nunca me había sentido tan en paz conmigo misma, tan en control de mis emociones (lo cual en mi caso es mucho decir) ni tan segura de poder ser yo. Para mí es toda una novedad poder decirle “no” cada vez que así lo siento, poder hablarle de mí, así sin tapujos ni caretas, ser honesta sin miedo a que se espante.

Nunca había hablado con un hombre así como lo hago con él, ni había podido discutir sobre un asunto sin pelearme. No es de flores y corazones, pero halaga mi comida y siempre está dispuesto a ayudarme. Los “Te amo” no son su fuerte pero no hay día en el que no me tome de la mano, me acaricie o me dedique una mirada que hasta me hace sonrojar. Hay días en los que no anda muy conversador pero todas las noches me abraza para dormir. Usa todo lo que él es para complacerme y hacerme feliz y éso para mí, en ésta etapa de mi vida – donde tengo casi 40, un ex marido, 3 hijos y ganas de unas 3 cirugías plásticas- es oro molido.

Tengo lo que quiero, solo me falta más dinero pero de ése mal no se cura nunca nadie. 

Se dicen muchas cosas acerca de las mujeres maduras, que si disfrutan más porque se preocupan menos, que entran en plenitud sexual, que son más interesantes y así, pero de los hombres escucho y leo poco. Pues bien, el mío tiene 40 y lo conocí cuando tenía 20. A cada rato le digo que está muchísimo mejor ahora que en aquel entonces, que lo prefiero en su totalidad y que seguramente por eso nos tocó estar juntos hasta esta edad, porque en aquel entonces no nos veíamos más que la similitud de gustos y el físico.

Entiendo sus silencios y él entiende los míos, nos gustan nuestros cuerpos y los entregamos con el placer de los amantes que se conocen a sí mismos, que saben lo que quieren y lo gozan. Aceptamos críticas, sugerencias e incluso regaños porque sabemos que todo es con el fin de hacernos mejores personas. Nos hablamos con miradas o con un pequeño roce…hay complicidad.

En ocasiones reprocho el haberlo reencontrado hasta ahora, 3 años para acá, cuando ya no estoy tan joven y cuando 3 hijos te exigen por lo menos el 50% de tu tiempo, energía y atención. Pero luego entiendo eso de que “los tiempos de Dios son perfectos”, lo comprendo todo cuando tengo un problema y me puedo desahogar sin que me interrumpa para después decirme lo que piensa; acepto y doy gracias cuando me reconozco a mí misma satisfecha al final del día, tranquila y sin dolores de cabeza.

Quiero pensar que todas y todos los que me leen, están disfrutando lo que yo, o bien están en ésa búsqueda que seguro dará frutos porque también creo en lo de “siempre hay un roto para un descosido”…si me tachan de cursi y enamorada, me declaro culpable porque el del 1.83 aparte de todo lo que ya dije, me resulta tremendamente sexy, lo que en algunas ocasiones me nubla el juicio y me provoca escribir cosas de las que definitivamente ustedes no deberían enterarse…bendito amor, bendita madurez que llega poco a poco, benditos tiempos para vivirlos y saborearlos como si no hubiera un mañana. Soy feliz.

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