Amigas mías, las mejores.

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Regreso como a las 11 de la mañana y Luis me pregunta que cómo me fue, que de qué hablamos. Le digo que de nosotras, del hombre, de los ex maridos y de los hijos, de los temas de siempre. Y mientras salimos a hacer algunas compras le voy dando detalles de mi plática con Cris, no lo puedo evitar, me gusta contarle todo, pero sobre todo me gusta la reflexión que resulta siempre de cada salida con mis amigas.

A veces sólo pretendo relajarme y llenarme el alma con sus risas. Otras sólo quiero abrazarlas y escuchar todo lo que tengan que decir para ponerme al corriente con sus vidas. He sido bendecida absolutamente toda mi vida en cuanto a amigas se refiere.

Me acuerdo perfectamente desde las de la primaria y cómo no me bastaba con una sola. Siempre me ha gustado tener muchas. Me encanta ponerme a pensar cómo es cada una de ellas, su carácter, sus profesiones, sus habilidades. Cómo es que son tan distintas y yo las puedo querer a todas.

Hay unas muy políticas, otras muy católicas, las que están mega ocupadas siempre, las que cocinan delicioso, las que te dicen las verdades con el mismo tono de un buenos días, las que han sufrido mucho, las que son fiesteras y desveladas, las que no veo muy seguido pero se hacen presentes como pueden, las que invitan y pagan la cuenta, las que quieren bailar como cuando teníamos 20, las mandonas, las que guardan secretos y te cuidan la espalda…yo tengo de todas ésas y le voy sumando a la cuenta porque a veces siento que cuando nací Dios me dio la encomienda de hacerme amiga de toda la que me pasara por enfrente.

Pero tengo una debilidad y se llama: mis amigas que son mamás. No hay hasta la fecha mujeres con las que me divierta, aprenda y me desahogue mejor. Me hacen ligera la carga cada vez que tengo la oportunidad de estar con ellas. Y es que la vida con hijos es un desgaste diario y pesado. Yo las puedo juntar a todas, y sin decir una sola palabra en toda la reunión, de cualquier forma saldría reconfortada y más sabia. 

Escuchar que a otras también les hacen berrinches, que la de Fulanita tampoco se quiere bañar, que el de Sutanita nomás no sube las calificaciones, que los de Perengana son unos demonios de Tazmania o que los de Menganita viven con el control del XBox pegado en la mano, bueeeeeno, me dejo de sentir la única que batalla, que pelea, que regaña o que sufre. Y termino pensando que son todos unos hijos de la…niñez y que somos afortunadas de podernos acompañar en tremendo camino tan lleno de cosas hermosas y a la vez de miedo, incertidumbre y errores.

Dije que ellas son mi debilidad, pero luego están las solteras y ésas canijas me mantienen cuerda, me estabilizan, me hacen ver el otro lado de la moneda, con ventajas y desventajas. Me hacen valorar lo que tengo y ver que lo que no tengo todavía lo puedo tener. Su independencia y seguridad en sí mismas me ha ayudado a ampliar mi manera de ver la vida en muchos aspectos.

Está Cris, que tiene un lugar especial porque compartimos, además de un montón de afinidades, el tema de “nunca acabar” que es el del ex marido. Nos damos vuelo hablando de cómo manejar situaciones, de cómo le hace ella o cómo le hago yo, de qué pensamos de ellos ahora y lo que pensábamos antes. Luego nos reprochamos que los tipos siempre caigan en la conversación, pero yo ya acepté que para mí es una manera de recordarme que fue lo mejor que pude haber hecho aparte de tener a mis hijos. Siempre reconocemos las fallas y los aciertos y estamos de acuerdo en que hablar mal de ellos es hasta cierto punto hablar mal de nosotras mismas porque ahí estuvimos metidas y enamoradas por 20 años, de modo que es como escupir para arriba. Pero se vuelve un tema de cajón porque sirve para lo que ya dije, el desahogo y el aprendizaje. El tiempo siempre se nos hace poco.

Mención aparte tiene mi amiga/comadre Isela, que cada que puede me pregunta que si sí voy a misa, la conozco desde que teníamos 16 y siempre me ha querido jalar por el buen camino… pero evidentemente no me he dejado. Me plegonea, me regaña, me habla “golpeado” y luego se disculpa por ser así…pero yo precisamente por eso la quiero porque es muy ella, tan distinta a mí y todavía me tiene fe y cariño.

Fabiola, Saraí, Norma y Lety… son locura, confianza, generosidad y alegría de vivir en una sola emisión. Mi cuerpo segrega endorfinas a todo lo que da cuando estoy con ellas, son un tren imparable de risas, descaro, honestidad y cariño, muchísimo cariño. Haber reencontrado y conocido a mujeres como ellas definitivamente fue una recompensa, una manera de Dios de decirme que no todo lo que me estaba pasando era malo. Hicieron feliz a mi corazón cuando más lo necesitaba y lo sigo disfrutando.

Ivonne, una mujer hermosa que sin tener mucho tiempo de conocerme decidió ser leal y sincera conmigo así como así, a ciegas, apostando por mí cuando estaba pasando por circunstancias muy adversas. Amo sus carcajadas, su franqueza y la confianza para decir siempre “Sí puedo”.

Mi Gaby y mi Wendy. Un par al que tuve que dejar poniendo distancia de por medio. Una despedida que todavía me duele cuando pienso en todo el tiempo que se nos fue sin compartir. Hay amigas a las que quieres casi de inmediato, como el amor a primera vista de la amistad, que se escucha medio rarito pero es que a veces no puedo describir con palabras lo que puedes llegar a sentir por una amiga. Ya no estamos tan lejos pero todavía no estamos como antes. Afortunadamente estamos todavía y eso es lo que cuenta.

Hay otras que, aunque ya no nos buscamos con el ahínco de antes, están ahí presentes, en mi corazón, en mis mejores recuerdos y también en mi presente porque si me necesitan ahí estaré y si las necesito sé que recibiré la misma respuesta. Es simplemente que nos hemos ido por caminos totalmente opuestos pero, entre más distancia, más largo el lazo que nos une porque las buenas amigas siempre tienen un lugar especial en la vida.

Están las que van llegando, como Adriana y Maricela, que nos estamos conociendo, nos gustamos mutuamente y estamos dispuestas a darle hasta donde tope entre reuniones, idas al cine, inbox y todo lo que surja y nos ayude a afianzar ésta amistad que apenas comienza pero que promete.

A todas les debo harto cariño y agradecimiento, hasta que me muera, por existir simplemente en mi vida y pintarla con sus propios colores. Hombres van y vienen, trabajos buenos y otros no tanto, un hijo y luego otro. Pésimos cambios de look, engordar y enflacar, cambios de casa y de ciudad, hoy hay dinero y mañana no… la vida es eso que pasa mientras te reúnes con tus amigas, a reír, llorar, maldecir, apoyar o simplemente disfrutar ése momento para estar juntas sin importar la edad, la religión, el estado civil o la talla del pantalón…hoy, les quiero decir a todas: gracias por estar, me siento muy orgullosa de ser su amiga. 

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