Entre mujeres podemos despedazarnos, pero jamás nos haremos daño… ¡MENTIRA!

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Yo he sido la novia, la esposa, la amiga, la que escogieron para dejar a otra y la que eligieron cuando dejaron a otra, también he sido la engañada, la que dejó o a la que dejaron y la que volvió con el mismo. He criticado, han hablado de mí, me han calumniado y he juzgado sin conocer.

¿Me falta algún rol por interpretar? ¿Se identifican con alguno de los anteriores? ¿Están viviendo en este momento algo de lo arriba mencionado? Supongo que la gran mayoría sabe bien de lo que hablo, en general, porque en realidad de lo que quiero escribir hoy es sobre el lugar en el que el amor, y a veces nosotras mismas, nos colocamos.

Es imposible no caer en alguna de las categorías dado que el amor entra y sale según su voluntad de nuestras vidas, colgándonos un letrero en el pecho que describe para todos los que nos rodean, el papel que representamos en ése momento.

La cosa está en qué tanto te crees la dichosa etiqueta, en cómo la vives, si la sufres, la ignoras o la disfrutas. No la puedes evitar, no te la puedes quitar.

Cuando es buena, como la de novia, esposa o prometida, andamos todas felices, queriendo ponerle luz de neón al letrero que nos cuelga para que a nadie le pase desapercibido. Pero…ahí viene lo malo, a veces la etiqueta esconde otra detrás, una de “roba novios”, “roba maridos”, “era éste o nada” o “feliz a pesar de la tristeza de otra”.

Hoy en día prácticamente todos tenemos un “pasado”, un tropiezo o algo que hicimos bien pero se vio mal. Y de ahí vienen las etiquetas, los juicios y los chismes.

Pero perdemos entre tanto adjetivo calificativo y sustantivos comunes, la raíz de todo ésto: el amor. Si tan solo aprendiéramos a ver con sencillez y perspectiva todas las relaciones -propias y ajenas- tal vez dejaríamos de poner tantas etiquetas.

Yo no creo en el “robo” de un hombre, creo en la falta de valor para reconocer que ya no se ama. No creo en el “me engañó”, pero sí en el autoengaño cuando no quieres ver lo que seguramente ya ha dado señales de alerta. No creo en el “me dejó”, pero sí en el “lo nuestro se terminó” porque cuando el amor no es recíproco lo mejor es que termine y le devuelva la libertad de elegir a ambos.

En el mundo del amor a quien le gusta poner las etiquetas más bonitas es al despecho, de ahí han salido divinuras como zorra, puta, golfa, roba novios, roba maridos, necesitada, desesperada, pinche vieja, bruja, manipuladora, nalga pronta, pendeja, corriente, vulgar, naca, aprontona, loca, envidiosa y…me quedo corta porque si les pido una aportación terminaré escribiendo otro post.

La cosa del despecho es fea, muy fea y traicionera porque, ¿Estamos todas seguras, completamente convencidas de que nunca de los nuncas vamos a cometer un error o nos vamos a ver en el lugar de ésa, a la que le colgamos tantos letreros, que casi casi se cae de boca? ,

Por eso comencé comentándoles los zapatos que me he puesto, por gusto, por obligación o por las circunstancias.

Es espantoso ver mujeres destrozándose unas a otras o peor, haciéndose daño a sí mismas. De las pocas cosas que les deberíamos aprender a los hombres (a los de a deveras) es esa capacidad de no andar ventilando nada, de aguantarse y tener dignidad o sacar todo con un madrazo y listo, a lo que sigue. Pero no andan cuchicheando por ahí y diciendo: “ese wey me robó a mi vieja, pero ya verás que tarde o temprano terminan porque ella se va a dar cuenta de lo que perdió” o “lo que pasa es que ese pendejo coge con todas y por eso ahí anda de caliente mi ex, a quien le dan pan que llore”….o sea no.

Ellos se callan su boquita (insisto, los de a deveras), agarran su despecho, se lo guardan pa chillar en su casa y después se salen a seguir viviendo.

Verán, yo tengo que vivir con la existencia de la nueva esposa de mi ex marido, la cual me caía bien antes de que se casara con él. Pero ya no me cae bien porque resultó que mis preciosos hijos -a los que a veces ni yo misma aguanto- no le caen bien a ella y por lo tanto no los quiere cerca tan seguido.

A ninguna madre le gusta que le mal miren a los hijos por muy canijos e insoportables que sean. Pero de ahí en más, no la juzgo, ella está en todo su derecho de exigirle al señor en cuestión todo lo que de seguro se le prometió, así que de mis hijos en adelante, no es mi asunto ni tengo derecho a opinar.

También tengo que vivir con la existencia de la ex esposa de mi pareja actual, a la que obviamente no le caigo ni tantito bien y habla mal de mí simplemente porque todavía duerme sola. La realidad es que ni la conozco ni me conoce y el despecho es el que habla…que por cierto se cura cuando el amor nos provee una nueva ilusión y entonces bendito remedio, se acaban los rencores y los letreros colgantes con adjetivos ofensivos.

De ambas obtengo etiquetas obviamente, una seguramente ha de ser la de “ex esposa jodona” y la otra tal vez sea “zorra necesitada”el punto es que a ninguna le doy importancia y por lo tanto ni me la creo, ni me las cuelgo ni les hago caso. ¿Por qué? porque si lo hago entonces le concedo valor y razón a quien no lo tiene afectando mi vida en pareja, mi familia y hasta mi autoestima.

Lo mismo pasa del lado de ellas o del lado en el que estén ustedes. ¿Tu relación terminó? Da igual por qué fue, lo que importa es que el amor ya no está y de nada te sirve ponerle apodos, etiquetas o hacer juicios a la otra o a tu ex. Nada de lo que digas, por feo que sea, va a lograr que ese amor regrese a tu vida, ni siquiera te va a hacer sentir realmente bien.

¿Te sirve criticar y juzgar cómo están haciendo su nueva vida? ¿Te trae algo bueno? Yo creo que no, en realidad lo único que estás haciendo es que formen parte de tu vida pero…y entonces, ¿cuándo vas a volver a vivir? ¿cuándo vas a ser tú?

A eso me refería cuando dije que es terrible ver cómo se destrozan las mujeres y peor, cómo se dañan a sí mismas.

El que se fue -con otra o nomás porque quiso- lo hizo porque así lo decidió, porque el amor no le alcanzaba para quedarse y porque así tenía que ser. Si le vas a sufrir, házlo. Guárdale el luto que necesites a ese amor, no a ese hombre y luego agarra tu educación, tu orgullo, tu dignidad, tu autoestima y lo mejor que hay en tu guardarropa para salir a la calle a ser tú, dispuesta a querer de nuevo y a dejarte querer, porque en el amor no hay tantas oportunidades como las novelas nos quieren hacer creer.

Manda al diablo a la que estuvo antes de ti, a la que está en el que crees que es tu lugar y a la que opina mal sin que se lo pidas. Deja de poner etiquetas y deja de ponértelas a ti misma. Si te vas a colgar un cartel con una palabra que te defina entonces que sea una positiva, una que hable realmente de quien eres y la primera que se me ocurre que podemos comenzar a ponernos todas es “Valiosa” porque encierra en sí muchos significados, pero el más importante, habla de que crees en ti misma.

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