La maravilla de ser tía

tía y sobrinos

Solo tengo un León de 4 años y una Alejandra de 2. Nacieron bajo el signo de Aries, razón por la cual -según dicen los astrólogos- son aguerridos, egoístas y enérgicos. Características que por lo menos a este par le queda… pero poco les importa.

León nació de mi segunda hermana -10 años más joven que yo- la mañana de un 27 de marzo en medio de la incertidumbre y nerviosismo de mis padres, la impotencia de no saber si ya había nacido el niño, cómo estaban mamá e hijo y si en algún momento nos iban a dejar pasar a verlos. Ese día me regresé a Aguascalientes maldiciendo al Seguro Social y aventando chingados en susurros porque no me pude quedar a esperar a que la dieran de alta, abrazarla y cargar al niño. Pero volví días después para hacerlo a placer porque ya estaban en casa de mi mamá.

Después de 4 años de conocerlo puedo decir que León resultó ser un niño que le hace honor a su nombre. Inquieto, fuerte, voluntarioso, territorial y con una garganta de la que muy seguido salen “rugidos” que seguro alcanzan a escuchar los vecinos. Aprendió pronto a decir tía y también Kika porque lo hacía repetir las palabras constantemente y también porque son fáciles… afortunadamente para mí.

No se deja besar, no le gusta compartir, es mandón y me ignora completamente si se me ocurre llegar a la casa con mi hijo Leo de 8 años, que dicho sea de paso, lo ignora a su vez porque él ya es grande y León lo desespera. De ese tamaño es la ironía.

Pero no me importa su desprecio si puedo comprar su atención dándole todo lo que me pide -que obviamente su madre no quiere darle- y jugando a lo que él quiera mientras aguanten mis rodillas cuarentonas y mi paciencia de tía consentidora.

Alejandra nació un 20 de abril y hasta Monterrey fui a conocer el milagro que Dios tuvo a bien concederle a mi primera hermana, quien después de más de 10 años de intentar e intentar, nomás no le quería prender el horno pero un buen día prendió.

Mi hermana siempre dijo que quería tener niños y no niñas, seguramente porque también es Aries y… ya dijimos cómo se supone que son… pero en fin, de la panza le salió una niña, completita, sana y canija como ella sola.

Sufro con Ale ese dolor de las tías que viven lejos porque terminas viendo crecer a los chiquillos a base de puras fotos, notas de voz del whatsapp, el face time y el aguante hasta que se llega el día en el que por fin los vuelves a ver.

Esa niña no es lo que yo esperaba porque la mía fue muy diferente, esta llega y en un dos por tres deja todo patas pa arriba. Es una bala. Ríe, grita, gruñe, canta, habla y repite todo como si estuviera programada para hacerlo. Soy feliz vistiéndola y peinando sus chinitos. Si quiere chocolate se lo doy, si quiere un dulce también, agua, galletas, juguetes o el atomizador… ¿Quién soy yo para negarle algo?

Soy tía nueva, mis hermanos se dieron vuelo hace 14 años cuando nació mi Sofía, luego Santiago y finalmente Leo. Yo no sabía cómo era ese tipo de amor, qué se sentía o qué provocaba. Para ser más honesta todavía, pensaba que ni era para tanto, que los querían por obvias razones pero nomás y que cuando me iba de la casa con toda mi tropa todo el mundo se quedaba como si nada y hasta respiraban.

No sé ustedes, las que ya son tías, si sienten lo mismo, pero yo pienso en mis sobrinos, los extraño y me emociona hasta las lágrimas verlos crecer, escuchar sus voces y que me digan tía o Kika. Veo a mis hermanas reflejadas en sus caritas, me reconforta cargarlos, sentirlos cerquita y ver lo felices que son.

Ahora entiendo a mi mamá cuando me decía -en su papel de abuela- que ella no estaba para regañarlos sino para disfrutarlos y yo pienso que a las tías nos pasa lo mismo, total, yo nomás los veo a ratos, ni modo que tenga ganas de ser la mala. Suficiente cargo de conciencia traigo diario con los míos como para echarle más con mis sobrinos.

Dios te manda tus propios hijos y los gozas pero también los sufres, luego llegan los sobrinos a darle un “refresh” a todo. Y cuando tienes la fortuna de que tus hijos y los de tus hermanos anden más o menos por las mismas edades seguro es fabuloso porque entonces “te ves” de nuevo, te puedes echar una vuelta al pasado y ver a través de ellos lo que era jugar y jugar sin cansarte, ser cómplices, ser hermanos…porque a veces el cariño y la identificación en tanta que da igual quién parió a quién, más que primos son como hermanos.

No puedo prometerles vida porque no está en mis manos, pero sí puedo prometerles que estaré siempre para ellos cuando lo necesiten, que seré comprensiva cuando su mamá no lo pueda ser por cansancio, desgaste o falta de paciencia. Tendrán siempre un lugar en mi casa, en mi mesa y en mi corazón. Puedo prometerles guardar un secreto si así lo necesitan -siempre y cuando no se trate de esconder un cadáver- y decirles las verdades de la vida cuando se llegue el momento de que las escuchen.

Prometo enseñarles a embarrar los mocos abajo de la mesa, a sacar la lengua cuando traen comida, a ponerse Sal de uvas en la lengua y ver cómo se llena de espuma la boca, a brincar en la cama y fingir demencia cuando hagan travesuras.

Prometo ser parte de la diversión pero también prometo enseñarles a ser buenos niños. Las tías somos como una mamá más cool y relajada. El sitio donde se puede caer en blandito.

Gracias a Dios por la oportunidad de ser tía, por las risas y el cariño mezcladas para hacer momentos felices.

Gracias a mi tía Nena que me enseñó a patinar. A mi tía Rocío que me siguió durante tres cuadras cuando me fui de la casa a los 6 años -porque mi mamá me regañó- y luego me dijo que ya estaba bueno de berrinche y me regresó, pero me recompensó después enseñándome a bailar. Gracias a mi tía Socorro porque aunque vive en Gringolandia siempre que viene me regala algo y de pilón me dice que estoy bonita. A mi tía Irma, que no es mi tía de sangre pero como si lo fuera, por enseñarme a hacer chiles en nogada. A mi tía Tere que me aguantó por años y años como una hija más en su casa, nomás para hacerle más tiradero y más desmadre junto con sus otras 6 hijas… gracias por ser siempre tan cariñosa conmigo. Y finalmente a mi tía Cony por quererme tanto y demostrármelo sin cansancio desde que nací, por haber sido mi tía-nana, por consentirme siempre. Por no bajarle ni una pizca a su cariño a pesar de haberme visto equivocarme muchas veces y aún más, decirme que me considera extraordinaria.

Tengo mucho de donde agarrar para tratar de igualar lo bien que me fue a mí, me sobran ejemplos. Solo espero tener tiempo y oportunidades para poder ganarme a mis sobrinos, que quieran verme, estar conmigo y que un día me amen como yo ya los amo a ellos.

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