Cuenta regresiva… 3, 2, 1… ¡y se llegaron mis 40!

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Eso de esperar a que se llegue tal día, una fecha especial o un momento en específico en mi vida, no es lo mío, no hace match con Ansiedad Soto Jiménez, que es la inquilina más vieja y apegada a mí, tan de mí que ya hasta le hablo por su nombre y le pido de vez en cuando que no me joda cuando se me juntan las cosas.

Supongo que por ahí en mis treinta y tantos leí en algún lado, que los 40 eran los nuevos 20 y que las mujeres a esa edad eran envidiadas y reconocidas por su madurez, que sabían disfrutar mejor la vida y un montón de cosas más que seguro me parecieron maravillosas, dado que tenía tres críos que en ése entonces dependían de mí hasta para la cosa más mínima y sentía que la Erika que un día había soñado, vivido y disfrutado de la vida, en esos días simplemente ya no existía. Así que comencé a soñar con cumplir 40.

Hacía cálculos acerca de cuántos años iban a tener mis hijos cuando los cumpliera y le daba rienda suelta a mi imaginación de madre/mujer reprimida, frustrada y cansada, soñando con la llegada de los días en los que ya no tuviera que llevar a nadie al baño, tener tiempo para trabajar, hacer cosas que me gustaran, acostarme a ver la tele sin interrupciones. Y me iba como Buzz: al infinito y más allá haciendo planes sobre los viajes que iba a hacer con mi entonces marido, lo delgada que iba a estar, lo mucho que iba a salir y hasta el corte de cabello que iba a escoger para verme más joven.

Así me la llevé, en cuenta regresiva, cada vez más feliz con cada cumpleaños. Como niña esperando para subirse a su juego favorito en una feria, impaciente, con la sonrisa bien plantada y dando saltitos porque ya mero le toca.

¿Pero qué creen? Que me fallaron las cuentas, me fallo el reloj biológico, mi cerebro hizo su jugada y se sacó un as bajo la manga…o Dios me quiere tanto que decidió que no había necesidad de esperar y me aplicó la de “uno propone y Dios dispone” para que ahí de pasadita no se me olvidara quién manda por éstos lares.

No tuve que esperar hasta llegar a los 40 para comenzar a cumplir sueños, para estar delgada y sentirme guapa, para viajar o para tener el corte de cabello perfecto. Todavía no los cumplo y ya tengo mucho tiempo sintiendo una paz fenomenal. Me he calzado los 38 y los 39 contentísima de la vida, entendiendo y manejando mejor mi mundo, mi tiempo, mis necesidades y mi espacio.

Aprendí a aceptar lo que la vida me ha quitado y a abrazar con gusto lo que me da. Sí me hice un poco más sabia pero creo que eso ha sido por mero efecto de rebote: ¿Te pegas en un lugar? simple, no vuelves a pasar por ahí o pasas, pero aprendes a esquivar. 

Aprendí a aceptar que las personas no son como yo y punto. Ni siquiera mis hijos, mi pareja o mi perro que se supone que debe hacer lo que yo le diga.

Empatía y tolerancia son dos regalos que me obsequió Dios en alguno de mis cumpleaños, no sé si juntos o en qué orden pero les puedo asegurar que no los tenía y ahora puedo presumir que los tengo. Al principio, como juguetes nuevos, no sabía cómo usarlos, cuándo o con quién sí y con quién no, pero poco a poco les agarré la onda y me dí cuenta que para usarlos hay que aprender a hacer otras cosas, como ejercitar la garganta para cuando me tenga que tragar mi gran orgullo.

El martes cumplo 40 y me voy a aventar una frase por demás cliché: ¡ME SIENTO MEJOR QUE NUNCA!

Todavía no llego y ya trabajo en lo que me gusta, en las últimas tres semanas mi vida laboral se ha visto triplicada de una manera impresionante, todo relacionado con lo que me gusta y sé hacer. Tengo retos a futuro que me entusiasman.

Físicamente mi cuerpo me está dando más de lo que me daba hace 10 años, aunque ahora sudo como si me pagaran por cada gota. Mi cabello me sigue valiendo madres pero por fin me lo pinté, esperando que mi amiga Angélica, que es estilista y se aventó el numerito con todo y corte de cabello, me avise cuando me toque el retoque ya que me ve todos los días porque sudamos juntas en el gimnasio.

Quiero y puedo viajar con amigas, familia, pareja o mis hijos y les diré que mi paz mental es de tal magnitud que si tuviera que viajar con mi ex esposo también lo haría, sin problema alguno, porque aprendí que ser feliz es una decisión que tomas no algo que te cae del cielo. Aprendí que perdonar y superar un hecho o a una persona que te hizo daño es cuestión de querer hacerlo. ¿Cómo lo aprendí? La terapeuta me dijo cómo, así que tampoco les voy a poner todo fácil. Busquen una y como dice el dicho: “Dios dice, ayúdate que yo te ayudaré”.

Hoy me preocupa lo que pienso de mí misma, porque si la opinión no es buena entonces hay un problema y hay que trabajarlo. Antes me encerraba en las maneras de otros de ver la vida y no le daba cabida a mis propias opiniones.

Mi cuerpo goza más, y no porque siga mi propio consejo y vea porno con fines didácticos, sino simplemente porque también aprendí que el placer llega mejor si dejas de pensar en lo que vas hacer, cómo lo quieres hacer, si te ves bien, si te depilaste, si te ves gorda, si vas a tener o no un orgasmo…o el montón de tonterías que luego nos pasan por la cabeza a muchas mujeres a la hora de hacer el amor. En pocas palabras aprendí a darle un break a mi cerebro cuando a mi cuerpo le toca hacer de las suyas… ¡igualito que en mi clase de spinning!

Así que hoy celebro, sí, con anticipación (aunque acepto que sí estoy como niña dando saltitos de gusto saboreando anticipadamente lo que viene) antes de que sea oficial ¡festejo que he llegado! Me felicito a mí misma porque he superado muchos obstáculos, retos y dificultades. Me siento completa, satisfecha y feliz. 

Lo voy a celebrar con mis amigas, con mi familia, con ése amor tan a la medida que llegó a mi vida, con mis hijos y con todo aquél que se sienta feliz por ésta mujer que todavía tiene mucho que dar. No podría haber llegado en mejores condiciones a mis tan ansiados 40.

Si se me ven o no, no me importa. Si me veo mejor o peor que antes, tampoco. Lo que me gustaría que le importase a la gente que amo es cómo me siento, porque a mí eso es lo que mas me importa de ellos.

No tengo mejor consejo para mis hermanas o amigas más jóvenes que el de liberarse a sí mismas de lo que no las deja ser, si algo no les gusta o las perturba no lo dejen crecer, trabájenlo, arréglense a sí mismas o búsquense un buen hojalatero (psicólogo) para que les ayude a sentirse como se quieren sentir.

No dejen que pase el tiempo porque hasta que pasa te das cuenta que es oro molido. No pospongan lo que sueñan, mejor luchen por ello. Nunca le permitan a nadie que las haga sentir feas o menos valiosas de lo que son, a nadie, ni a ustedes mismas. Nunca le tengan miedo a cumplir años porque… NO HAY NADA MEJOR QUE LA OPORTUNIDAD DE CELEBRAR LA VIDA…y para eso son los cumpleaños, para sentirte feliz y orgullosa de estar viva, de seguir caminando, amando y gozando.

Ya estoy ahí. Ya merito se acaba la cuenta regresiva y pienso entrar por la puerta principal al cuarto piso, pisando fuerte y con muchas ganas de que la vida me lleve derechito y así como voy, hasta el año que sigue.

Después de todo, muy seguido -de unos tres años para acá- siento que en realidad apenas estoy comenzando a vivir… bienvenidos mis 40 ¡ya me andaba porque llegaran!

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