Carta a las que están con quienes nosotras ya estuvimos… Y YA NO QUEREMOS ESTAR.

Woman Drawings (16)

No tengas miedo de mí.

No quiero lo que tienes ni extraño lo que yo tenía. Tal vez te cueste entender cómo es posible que viviendo con el hombre más maravilloso (sí, ese que tienes a tu lado y que te parece tan único, como si hubiera sido hecho para ti) yo ya no lo quiera, ni lo extrañe, ni lo piense.

Pero así es. Mi corazón un buen día dejó de latir más fuerte cuando lo veía, mi piel dejó de erizarse cuando él la tocaba, mi voluntad dejó de depender de la suya y mi mano dejó de necesitar que él la sostuviera.

No hay nada en ése hombre que tienes a tu lado que a mí me provoque una emoción importante. Ninguna más allá de la aceptación de tener hijos en común y del respeto que nos debemos tener, en vista de que ésa situación sí será vigente hasta que la muerte nos separe.

No soy una amenaza para ti y tu matrimonio. No soy tu enemiga. No envidio tu vida ni tampoco a ti, lo que haces o lo que tienes. Y no porque la mía sea mejor, no, sino porque lo que tengo ahora me hace inmensamente feliz y porque nuestras expectativas de vida son completamente diferentes.

Denostar lo que hago, mi manera de vivir o de educar a mis hijos, en realidad no habla de mí sino de ti. De cómo eres, de qué te duele y de cómo reaccionas ante situaciones que no puedes controlar. Nuestras palabras y nuestras acciones dicen mucho de nosotros mismos. 

No terminé mi relación con el que ahora es tú hombre porque él no tuviera valor para mí, lo hice porque ésa relación ya no me hacía feliz. Reconozco todas las cosas buenas que de él emanan, pero la nulidad del amor me permitió reconocer también todas las cosas no tan buenas.

Para cuando tú llegaste, yo ya había avanzado mucho camino. Ya había comenzado a sembrar diferentes semillas en otras tierras y lo hacía convencida y contenta de haberme alejado de aquel desierto en el que se convirtió para mí, la vida junto a él.

No le temas nunca a otra mujer. Al que debes temer es al hombre, sobretodo a uno que mencione demasiadas veces la palabra honestidad, al que dé explicaciones que no pediste y al que habla mal de aquélla con la que vivió porque dime ¿qué le impide que también hable mal de ti cuando algo no le guste?

Los hombres que no mienten no lo presumen, simplemente no lo hacen. Un verdadero hombre guarda para sí todo aquello que su nueva relación no necesita. La integridad es un valor que muy pocos tienen y practican.

Témele a aquél que esconde su pasado y que maquilla su presente. Muchas mujeres cometemos el error de buscar culpables alrededor del que tenemos enfrente. 

Así que no me temas a mí porque yo no tengo intención de hacerte daño. Cuando uno vive en paz, te vuelves fuerte como un roble y cuando llegan las tormentas, no te tumban; te mueven, te mojan y tal vez te quiten hojas o hasta alguna rama, pero pasan y tú permaneces de pie.

No les temas a mis hijos, porque ellos no buscan quitarte a tu marido, tan sólo quieren conservar a su padre. Ése que se hace presente de vez en cuando y al que ellos aprendieron a querer por el llamado de la sangre y porque así se los inculqué.

No le temas a mis decisiones o mis intenciones, témele a las suyas. Preocúpate por tu bienestar, por la paz de tu conciencia y por tu amor propio. 

Cuando yo hice lo que te estoy aconsejando me dí cuenta de que estaba con el hombre equivocado. Y te repito, no porque fuera malo, sino porque simplemente no era para mí… pero me aferraba a que así lo fuera. 

No temas pedir lo que deseas, decir lo que sientes o hacer lo que quieres. A todo tienes derecho, sólo hay que recordar que en el pedir está el dar, que nuestra libertad termina donde comienza la del otro y que todo lo que de uno sale, bueno y malo, regresa a nosotros multiplicado.

Admiro tu valor y tu determinación pues si yo hubiera sido tú, no me hubiera casado con un hombre así. Yo hubiera querido un hombre que me pudiera dar el cien por ciento. Yo hubiera buscado uno que en cuerpo, mente y corazón fuera totalmente mío. 

Por eso entiendo tu temor, tu inseguridad… porque sin afán alguno de ofenderte o lastimarte, es eso lo que cargas día con día y ¿sabes qué? no es justo. No lo es.

La teoría no es lo mismo que la práctica. Nunca en ningún aspecto de la vida. Ni cuando estudias, te casas, tienes hijos o trabajas. La realidad es que hasta que estás ahí, en medio de las circunstancias, te das cuenta si de verdad querías eso, si de verdad ése era tu lugar o si tomaste la decisión correcta.

Hasta la fecha no me arrepiento de haber cortado ése lazo. Al contrario, lo he celebrado más de una vez. Y lamento que no te sientas tan plena y feliz como yo me siento. Lamento que nos veas como una carga o un obstáculo para que tu felicidad sea completa, porque irónicamente tú para nosotros, simplemente existes como existe todo el mundo, pero no nos quitas nada ni nos pareces una amenaza.

No le temas a un pasado que ya fue ni sufras lo que no viviste. No culpes de tus problemas a quien vive a kilómetros de ti. Los problemas los hace uno y uno mismo puede deshacerlos.

Cuando no se pueden resolver las situaciones difíciles con una persona, hay que alejarse un poco y tratar de ver las cosas desde otra perspectiva. A veces, cambiar el enfoque te hace darte cuenta de la raíz del conflicto y entonces, tal vez, hasta ése momento te puedes percatar de quienes son los verdaderos protagonistas, quienes son los villanos, quienes son tus amigos y lo más importante, quién eres tú.

No le tengas miedo al fracaso porque no hay nada mejor que eso para aprender a levantarte. No temas decir “me equivoqué” porque es de sabios reconocer cuando no se tiene la razón. No temas detenerte y preguntarte si todavía sigues queriendo estar en donde estás. No le temas a la soledad porque eso es totalmente relativo cuando te tienes a ti misma.

Conozco tus temores a través de sus propias palabras, pero en parte también porque soy mujer y entre mujeres a veces sólo hace falta una mirada para saber lo que la otra está viviendo.

Me gusta mucho mi vida como es. No quiero la tuya. No quiero tener tu trabajo, tu cuerpo, tu ropa, tu ritmo de vida, tu familia ni mucho menos tu marido. Si así fuera, habría estudiado otra cosa, no habría tenido hijos, me comportaría de otra manera y… de todos modos no estaría con el que ahora es tu esposo, porque tarde o temprano me hubiera dado cuenta de que no éramos el uno para el otro.

Así que si en algún momento de tu vida, en éstos días o en los venideros, sientes que no eres feliz o que no estás viviendo como tú querías, no nos voltees a ver a nosotros… busca dentro de ti y sé sincera contigo misma, las respuestas SIEMPRE están ahí.

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