El poder de las palabras lindas

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El pasado fin de semana hice un viaje esperado más no planeado, es decir, sabía que tendría que hacerlo más no cuándo.

Ésta que les escribe tiene el grandísimo defecto de ser controladora compulsiva o sea que hago un berrinche monumental cuando las cosas no salen como planeo, pero Dios es grande y todo el tiempo trata de jalarme la oreja y llevarme por caminos que me enseñen que no es tan malo ser más flexible y adaptarse a las circunstancias ya que en una de ésas y la vida nos regala hermosas sorpresas.

Mi viernes comenzó apresurado, con una voz interna que todo el tiempo me decía: “córrele porque no alcanzas”, y así me levanté, llevé a los niños a la escuela, a Luis a su parada y me fui a hacer todos mis pendientes. Logré salir de Zacatecas casi a tiempo pero no me escapé de los berrinches. Lo sé, como dijo la Madre Patricia cuando fui a su colegio a preguntarle por los precios: “Cuando todo está bien, el diablo mete la cola” y así yo, todo iba bien hasta que a mis hijos se les ocurrió pelearse justo cuando ya de salida me detuve para poner gasolina.

Así que hice medio viaje, explicándole al hombre -después de pasar por él- por qué me había enojado y murmurando majaderías y demás conjuros en contra de los tres individuos que viajaban atrás, pa sacar mi coraje. Se me pasó cuando volteé a verlos y me di cuenta que ellos iban como si nada y que después de todo ya había pasado mosca.

Al llegar resultó que no iba a dejar a los niños donde siempre sino en un salón de fiestas porque por la hora -y eso que dizque salí a tiempo- ya mejor había que entregarlos ahí con todo y maletas. Pensé que la entrega iba a ser como siempre, rápida y cordial, con el acostumbrado “¿A qué hora pasas el domingo por ellos?”, pero no fue así.

El cambio de ruta y de lugar de entrega venía con tres abrazos totalmente inesperados y conmovedores…no, de mis hijos no, sino de mi ex concuña que me vio y me abrazó con fuerza diciéndome que me extrañaba mucho, que quería mi número de teléfono porque seguido sentía necesidad de hablar conmigo. El segundo provino de mi ex suegra, que se acercó así nomás y también me abrazó externándome al oído que su cariño por mí estaba intacto, que me extrañaba y que me encargaba mucho a sus niños. Finalmente salió mi ex suegro, que con todo y semblante serio, me dio la mano primero y luego un abrazo corto pero afectuoso, murmurando solamente un “cómo está Erikita”…

Así que me subí al auto con aquéllas lágrimas que no paraban, en shock. Tenía más de 3 años que no los veía, obviamente por la separación.

Llegamos a nuestro lugar de destino, en donde iba a conocer a personas muy importantes para Luis, y confieso que estaba un poco ansiosa aunque normalmente no me cuesta nada conocer gente nueva. Pero cuando recibí de nueva cuenta un abrazo acompañado de un “qué bonito volver a verte” por parte de su tía, me relajé, de manera que para cuando llegó su prima yo ya estaba emocionalmente más estable, pero aun así me tomó por sorpresa la efusividad con la que se presentó ella misma, su abrazo fue apretado y sus palabras “¡por fin! ya tenía muchas ganas de conocerte” me sacudieron nuevamente el corazón.

Por la noche, salimos todos juntos y ahí tuve la oportunidad de conocer a la otra prima que también tuvo palabras muy lindas para mí, pero lo mejor fue en la madrugada, cuando recibí más abrazos y mensajes de agradecimiento  por ser la causante de la felicidad de otros.

Mi sábado transcurrió entre mis ganas desesperantes de irme a la cama a dormir por la desvelada, y las de conocer más a todas esas mujeres nuevas que llegaron a la casa para aprovechar la visita de los que tenían muchos años sin venir a México.

No sé qué impresión causé yo en ellas, pero yo me despedí realmente abrumada por tantas muestras de cariño inesperado. Soy una mujer muy sociable más no soy afectuosa así que de repente mi capacidad de recibimiento se vio rebasada y sin embargo… estaba contenta.

No pude evitar durante el trayecto de regreso a mi casa, ir reflexionando sobre todo lo que me había pasado en mi viaje.

Es impresionante el efecto de las palabras cuando son dichas desde el corazón y con la intención de hacerte sentir bien. Regresé sintiéndome reconfortada, tranquila, agradecida y sobre todo muy querida.

Cada palabra recibida fue acompañada de demostraciones de afecto y no puedo sentirme más complacida por ello.

Obviamente todas en su momento obtuvieron respuestas inmediatas de mi parte, pero de todos modos quise compartir con ustedes la obvia intención de mi escritura: aprendamos a decir más seguido aquello que sentimos y pensamos a las personas que nos rodean, sobre todo si es positivo. Muy seguido olvidamos el poder de las palabras lindas, lo bonito que es elogiar algo o a alguien, lo bien que se siente que te reconozcan por el esfuerzo para hacer algo o simplemente la importancia de que la persona a la que amas, lo sepa desde tus acciones sí, pero también de tu voz.

Regresé con mi maleta cargada de palabras hermosas, con el cuerpo revitalizado y el alma enriquecida.

Recibí una lección más acerca de las bondades de adaptarse a los tiempos de Dios, otra acerca de las ventajas de sembrar cosas buenas para cosechar otras mejores y la más importante, la de dejar hablar a tu corazón haciendo a un lado el orgullo. Fue un excelente fin de semana, de ésos que no comienzan bien pero terminan pagándote con creces el esfuerzo hecho durante mucho tiempo de un solo jalón.

Fue un verdadero regalo de vida y no tengo con qué pagar el cariño del que gozo aun sin estar presente ni buscarlo… pero ahí está. Así que quiero pedirles que, si tienen algo lindo qué decir, no se lo callen nunca. El poder de ésas palabras puede llegar a ser incalculable y el efecto se verá potencializado si lo acompañamos de un abrazo…se los digo yo que lo acabo de experimentar, lo escribo y vuelvo a llorar de tan solo recordarlo.

Gracias por leer…

🙂

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2 pensamientos en “El poder de las palabras lindas

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