Y un día, mi cuerpo despertó.

jeena martin photo

No había defensa contra tu presencia y la verdad es que tampoco fue como si buscara protegerme. Supongo que fue tan solo el darme cuenta, así de repente, que mi corazón latía desbocado, tanto que por un momento hasta temí que pudieras ser capaz de escucharlo.

Ahí estábamos, de pie uno frente al otro sin saber qué hacer. Como si nuestros cuerpos fueran nuevos y nuestros deseos desconocidos. Me temblaban las manos, sudaba y no me atrevía a hablar para no arruinar el momento…¿Cuál momento?…no hacíamos nada, sólo estábamos ahí. Sin hablar pero diciendo todo en silencio.

Nos buscábamos la mirada y sonreíamos, como un par de expertos en la lectura de la mente que saben exactamente lo que el otro está pensando…¿Leíste mi desesperación? ¿O tal vez el miedo a que me vieras desnuda? ¿Eras capaz de escuchar las voces en mi cabeza? Ni siquiera sabía si besarte iba a ser una buena idea.

Cuando pasan tantos años, te acostumbras a otra boca y la forma y el camino para llegar es tan conocido que lo puedes hacer con los ojos cerrados. Jamás te imaginas que de verdad…sí, así de cuerpo presente…estarás un día comenzando prácticamente de cero.

Así que el abrazo fue torpe, sin saber dónde poner una mano o la otra, sin atinar a acercarse mucho o poco…¿Cuánto debe durar un primer abrazo? ¿Y luego puedes besar o debes decir algo romántico?

Aunque hubiera querido, las palabras no salían porque mi cerebro no funcionaba correctamente, sólo había cabida para preguntas y más preguntas superadas sólo por los miedos. Si iba bien, si te gustaba, si lo que estabas a punto de tocar iba a agradarte…¿Y si no podía? ¿Y si no me gustaba? ¿Y si no podía relajarme? ¿En qué pensabas tú?…”qué horrible manera de comenzar”…era mi respuesta para casi todas las preguntas.

“Eres una idiota, cálmate y respira. No pienses. No hay nadie. Sólo él y tú…y él quiere estar aquí contigo sino simplemente no te hubiera llamado. Que te valgan madre las estrías y la flacidez, total, igual y ni se fija. ¡Deja de temblar! Ni que tuvieras 15 años y no supieras qué hacer. Sí puedes, sí puedes…y sí quieres…”

Si él hubiera sabido en ése momento todo lo que yo hablaba en mi cabeza, seguro se hubiera dado media vuelta y adiós, a mí y a todas mis voces, las que me echaban porras y las que me recordaban los kilos de más y mis mil defectos físicos…ni siquiera tenía un espejo para ver si traía lagañas o si mi alaciado ya no era perfecto.

Pero de repente todas las voces se callaron, todas…mi cuerpo entero comenzó a funcionar sin mi permiso. Me besaba mientras con ambas manos sostenía mi cara y mi boca respondía como si hubiera hecho aquello cientos de veces. Quise abrir los ojos pero me di cuenta de que si lo hacía, mi mente perdía detalles de lo que estaba sintiendo, así que así…ciega voluntariamente, dejé que el resto de mis sentidos hicieran gala de toda su capacidad.

Mi respiración agitada pasó a ser pausada, lenta y profunda. En momentos compartíamos el mismo aire y no alcanzaba a saber de cuál de los dos era el aliento.

Hay cuerpos que se esperan, pacientes y motivados. Cuerpos que saben que en algún lugar del mundo está ése que les pertenece de pies a cabeza. Cuerpos que cuando están cerca se mandan señales y se comunican hasta encontrarse. Como imanes.

Hay cuerpos que pueden haber sido tocados más de una vez o incluso muchas, y de todos modos estar dormidos, cuerpos que un día experimentan lo que es despertar, lo que es ser tocado de la manera correcta y en los lugares indicados. Cuerpos que de repente se sienten realmente vivos.

No hubo sueño reparador esa noche, lo que hubo fue una especie de trance. La sensación de estar flotando mientras mentalmente iba recorriendo cada centímetro de mi cuerpo recién descubierto. Había tantas cosas que nunca había sentido y que de manera inmediata quería…exigía…volver a sentir.

Se fueron los nervios, el temblor y las voces. De hecho hubo un momento en el que la vergüenza seguramente también se fue entre la ropa. La comodidad se instaló de manera permanente y comencé a practicar lo de leer el pensamiento.

Lo que queda después de eso sólo lo puedo comparar con la sensación de tener hambre, es algo que el cuerpo te pide, que necesita y que tienes que darle.

Cuando por fin pude funcionar de manera cotidiana, es decir, regresar de donde andaba perdida y levitando…sonreía. Caminaba mientras exudaba feromonas y casi podía ver en las caras de la gente a mi alrededor que sabían por qué mis ojos brillaban, mi garganta canturreaba y mi pecho suspiraba. Hablaba y me movía diferente…eso le pasa a un cuerpo que acaba de despertar. De repente pisa fuerte, los ojos descubren colores que no veían antes y tu piel…tu piel siente la lluvia, el sol y el viento como si fuera la primera vez.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s