Pocos pero con muchas ganas

 

926170_601488860006094_938384092_nCon la alarma sonando, la nariz tapada y la vejiga llena. Así comenzó mi primer día del año.

Ya sé que parezco un poco desfasada porque ya estamos a 4 de enero, pero para mí el primer día del año es ese en el que todo el mundo se pone en circulación, de ahí en más para mí no hay nombres ni números, todos son vacaciones.

Durante 17 días fui inmensamente feliz haciendo uso del poder de dormir a la hora que se me daba la gana. Así es y espero que así siga siendo hasta que no me quede de otra más que morirme.

Como les decía, comencé el año enferma y con el taladrante  sonido de la alarma del celular a escasos centímetros de mi cabeza, aunque me levanté más bien empujada por la apremiante necesidad de vaciar los 700 ml de agua que me tomé antes de dormir.

Jamás podré incluir en mi lista de propósitos el levantarme antes de que suene la alarma, tal vez podría intentar hacerlo después de la segunda llamada, pero no más, conozco perfectamente el alcance de mi voluntad y la gran resistencia de mi cuerpo. Además, dormir me pone de buenas y es excelente para mi salud mental.

Lo que sí puse en mi corta lista de propósitos fue el escribir más seguido y soltar más el celular, yo misma a veces no entiendo cómo puedo ser tan adicta y cabezona si esto de teclear me trae tantos beneficios.

Me prometí a mí misma que lo haría por lo menos una vez al mes y no nada más cuando me sintiera inspirada, de hecho incluí en mi propósito el cargar una libreta pequeña y una pluma para usarlas si me entraban las palabras y no tenía la computadora para soltar el choro. Tuve que borrar de mi lista la de comprarme un IPad o una Surface por cuestiones de realidad económica, pero no me dolió tanto porque el siguiente propósito es comprar los boletos de avión para un viaje muy ansiado.

El que aparece en la lista de cada año, todo un veterano de los propósitos del mundo, es el de mantenerme delgada, y es que sólo los que comemos por ansiedad o todavía peor, los que comen y engordan casi al mismo tiempo, saben que eso no se irá y cargaremos por siempre con esa maldición de convertir los Conejitos de Turín, las palomitas, los waffles rellenos de queso crema y hasta el atún…en lonja o celulitis.

Ese propósito se volvió de cajón y ya casi ni lo cuento porque se está volviendo obligación. Misma que debería convertirse en costumbre gustosa, como la de leer, pero todavía no llego a tanto, para gusto y felicidad la de dormir o la de comer sin engordar.

Ya no me engaño a mi misma con ilusiones acerca de unas bubis nuevas o unas nalgas de Kim Kardashian porque con tanta boca a mi alrededor, mejor comemos y luego presumimos.

Otro es el de abrazar más. En lo últimos meses del año tuve la oportunidad de tener contacto físico de ese tipo con más personas de las que hubiera querido, pero confieso que me gustó. Yo soy de mucha plática pero no soy de tocar. Así que  a veces hasta mi pareja y mis hijos lo resienten. Descubrí que se siente muy bonito y que a los demás les pasa igual cuando yo lo hago…excepto mi hijo Leo, que es igual que yo y eso de abrazar como que no es su fuerte. De modo que decidí planteármelo como meta aunque tampoco esperen verme en la calle repartiendo abrazos a diestra y siniestra… con paciencia que apenas empiezo.

Aprender a hacer cheescakes es uno de los más difíciles, pero según yo, voy a hacer uno por mes. Verán, le tengo un miedo irracional a encender cualquier horno, y aún más a gastar gas en algo que me va a dejar miles y miles de calorías en el cuerpo, de modo que NUNCA lo uso, así como lo leen, todos los hornos de las casas en las que he vivido se han quedado intactos porque no meto ni el comal, pero a fuerza de ver una y otra vez montones de videos en el timeline del facebook presumiendo lo fácil y rápido que es hacer los mentados cheescakes, pues me dije a mí misma: Mi reina (así me hablo casi siempre) tú también puedes hacer eso. 

Un propósito muy bonito y conveniente y que aunque no lo crean es difícil de cumplir, es el de ver más seguido a todas mis amigas, sí, dije a todas. No sé cómo podré hacerlo, si me tengo que comprar una agenda, si las tengo que arrear para juntarlas o si de plano les mando invitación con dos meses de anticipación para poder cumplir con semejante encomienda que me puse. Y es que no depende solo de mí sino de los tiempos de cada quien y ahí es donde tuerce la puerca el rabo. Pero nada es imposible y para una mujer decidida menos. Espero contagiarlas de mi entusiasmo y lograr que las risoterapias sean más frecuentes.

Ser más organizada en mi trabajo, ese es el número uno, aunque lo mencione casi al final. Mi talón de Aquiles es la distracción, así que muy fácil dejo de hacer una cosa para comenzar otra lo cual no me ayuda en nada porque al final del día tengo muchos pendientes, pero lo intentaré.

Y el último, aunque no menos importante, ir más seguido a hablar con Dios en su casa. Lo cual no es lo mismo que ir a escuchar a un sacerdote. Y estoy haciendo una gran concesión dado que no creo en la iglesia y tengo metido en la cabeza que Dios vive en mí, en mi casa y alrededor mío, razón por la cual puedo hablar con él desde donde sea y a la hora que sea, que es lo que he venido haciendo de unos años para acá. Pero, no puedo negar que en las ocasiones en las que he ido a una iglesia, me he sentido muy bien, así que doy por hecho que a él puede gustarle también que pongamos ese lugar como punto de reunión para nuestras conversaciones futuras.

No sé ustedes, pero pocas veces en mi vida he hecho una lista de propósitos, la que más recuerdo es la que hice animada por la moda del libro “La ley de la atracción” en la que escribí tantos “quieros” y tantos “voy a…” que se me hace que el universo todavía me debe y se me esconde para no pagarme.

No hago listas porque como buena persona ansiosa, luego me siento presionada para cumplir, me estreso y en una de esas aviento la lista al carajo por ahí de abril o mayo. Así que en esta ocasión estoy procurando que mis propósitos sean viables, benéficos y trascendentes. Afortunadamente no fumo, no tomo ni tengo amante, porque si así fuera ni de chiste había puesto lo de ir más seguido a la iglesia y definitivamente sí tendría que comprarme una agenda para organizar todo ese desmadre.

Lo que hayan prometido, por muy pequeño que sea, hay que cumplirlo. Inténtenlo y no lo dejen tan solo por que se les pasó la fecha, porque han fracasado en los primeros intentos o porque las circunstancias no han ayudado. Todos los propósitos son buenos, llevan la intención de hacernos mejores personas, de ayudarnos a crecer. Así que aunque sea un propósito, uno solo, pero hay que echarle ganas para cumplirlo, hay que ponerle energía, empeño y buena vibra. Después de todo la vida es eso, pequeñas metas que vamos cumpliendo, pasos que damos mientras aprendemos.

Yo por lo pronto, estaré por aquí, contándoles a cuántas personas he abrazado, cuántos cheescakes he podido hacer, cómo me va en mis conversaciones con Dios desde la banca de una iglesia o con mis amigas en la mesa de un café. Si cumplo con el de escribir por lo menos cada mes, si logro organizar mi vida laboral y cómo me fue en mi viaje.

No sé qué tanto lograré pero por lo menos les puedo asegurar que le pondré muchas ganas.

Que sea un excelente año para todos 🙂

 

 

 

 

 

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