Enojo y deseo… Excelente combinación.

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Decidió que ese mal humor se le pasaría en un par de días  y que mientras tanto le respondería con monosílabos y fingiría ver la televisión  mientras su mente pasaba de un argumento a otro tratando de desahogarse en silencio. Sabía que lo peor era increparla y tratar de explicarle las cosas a fuerza, no, ella odiaba eso.

Después de todo ya habría tiempo de recapitular, ya ni siquiera sabía si tenía razón. Odiaba que todo se saliera de control de manera tan tonta pero no era de los que hacía cosas sin tener ganas de hacerlas. Sentía que debía disculparse pero no era el momento. Paula tenía sus tiempos cuando se trataba de pelear y él, más que ganarle ésta lo que realmente quería era que fuera la última, por lo menos en lo relacionado a ese tema de las salidas.

Se preparó para dormir y la observó ir y venir de la habitación al baño mientras se cambiaba, se quitaba el maquillaje y se lavaba los dientes. Quería tocarla, hacerle el amor y besarla como tanto le gustaba, pero también quería que todo estuviera bien entre los dos y no solamente hacer como si nada hubiera pasado.

Ella todavía estaba enojada. Y aunque sabía perfectamente que no era para tanto, su enojo le decía que sí lo era y la volvía loca. Una vez más ¿cuántas iban? ¿por qué siempre terminaban peleando por lo mismo? El problema no era salir y regresar a una hora “inadecuada” sino la confianza. O no, la confianza no, en realidad lo que le carcomía el cerebro era que nuevamente la volviera a tratar como si no la conociera, como si no supiera quién era ella, cómo pensaba  y cómo se comportaba.

No le veía caso alguno discutir, para qué si de todos modos se iban a decir lo mismo. Además no podía parar de recordar todo lo que le había dicho, el tono que había usado  y que como siempre, casi no la había dejado hablar. Así que ahora le contestaba todo lo que debió haberle dicho ayer en la noche…en su mente. Odiaba pelear, discutir no, o bueno sí pero sólo cuando él se ponía así de testarudo y ella tenía que repetirle cómo pensaba y quién era ella.

Ya se había puesto el camisón, casi ni lo había visto durante el día. En la mañana cuando despertó él ya se había ido y ella tenía muchas cosas qué hacer, en la comida apenas cruzaron palabra y él se había encerrado toda la tarde en el estudio haciendo quién sabe qué.

Pero eso no era lo peor, sino sus hormonas. Había regresado de la fiesta, la noche anterior, con ganas desesperadas de montarlo, así que en cuanto salió del restaurante se había quitado los calzones, con toda la intención de despertarlo y no perder tiempo quitándose la ropa. Quería que la viera vestida y maquillada, disfrutándolo,  después de todo en gran parte se había arreglado para él y había extrañado su presencia esa noche.

Odiaba irse así a la cama, enojada y cachonda…

La vio de reojo mientras se acostaba, trató de concentrarse en su celular y hacer como que no la veía, total, ella lo estaba ignorando y ya sabía que no la podía obligar a hablar. Se preparó mentalmente para una noche sin abrazarla, sin sentir sus piernas entre las suyas y sin ese calor reconfortante que emanaba de su cuerpo cada noche.

La sintió acomodándose en la cama y la vio apagar la luz de la lámpara. Decidió hacer lo mismo y esperar a que el sueño le ganara. La oía respirar, seguramente perdida en sus pensamientos… Si no fuera tan cerrada, ya hubieran arreglado todo.

Paula cree que debería prender la televisión y fastidiarlo como cuando muere de sueño y él no quiere dormirse. La molesta aún más saber que en cuestión de segundos comenzará a roncar, como si nada. Seguro le vale madres que  esté enojada por su culpa. Si no fuera tan impulsivo no estarían en esa situación ni se les arruinaría el fin de semana entero por una tontería. Cuando recuerda que se ha depilado completa, para nada, siente que le punza la cabeza de dolor. Eso, es lo único que le falta. Una migraña por andar haciendo corajes.

Cuando Rodrigo se voltea para acomodarse y dormir dándole la espalda, le roza la pierna sin querer, le llama la atención que ella no la quita ni intenta moverse. Tal vez ya se durmió… o tal vez ya no está tan molesta. Pero no hay manera de saberlo más que preguntando y no quiere arriesgarse a obtener silencio como respuesta. No, además ya sabe que con ese humor terminarán discutiendo hasta altas horas de la noche y simplemente no tiene ganas.

Al sentir ese roce, se le eriza la piel. Tal vez no sea tan malo intentar calmarse y hablar ¿No es así como crecen las relaciones? ¿se trata de intentar una y otra vez para madurar? ¿y si se está comportando como una niña caprichosa?

Quiere devolver el roce pero al mismo tiempo no quiere verse débil, no quiere que él piense que tiene razón, porque no la tiene, en parte sí pero no toda. Y además quiere que él deje de tratarla como a cualquier persona, como si no fuera especial y estuvieran juntos por algo.

Le late el corazón, está nerviosa y se regaña por eso. Pero sigue deseando devolver el roce así que imita el movimiento que él hizo y se voltea en la cama, estirando un poco más la pierna y no solo la roza sino que la deja ahí pegada mientras le ve la espalda. Se puso de nuevo esa playera horrible con dibujos de Los Simpson. La odia, pero por lo menos logró acercarse. Y de repente su voz irrumpe en sus pensamientos:

-¿No puedes dormir?

-No, y tú tampoco por lo que veo.

-¿Sigues muy molesta?

Ella se lo piensa un momento y contesta:

-Supongo que sí, un poco… Todavía… ¿Por?

-Porque no me gusta estar así, me cuesta mucho dormir cuando estamos enojados y te extraño. Me pasé un poco ayer, lo siento. Me preocupa que andes sola tan noche.

-Mmmm… Pues es una manera muy rara de demostrar preocupación. Además ya sabes que no estoy haciendo nada malo, ni siquiera tomo. Se me fue el tiempo platicando y nada más…Me recibiste como si hubiera estado cogiendo con otro. Y te recuerdo que no fuiste conmigo porque no quisiste ir… yo… te extrañé… Pero también quería estar ahí.

Rodrigo se voltea por fin y queda de frente a ella. Cerca, muy cerca. Tanto que puede sentir el aire que ella exhala pero aun así no la abraza, ya ni siquiera se rozan sus piernas.

-Tu vestido

-¿Qué?

-Tu vestido… Te veías muy guapa. Te arreglaste diferente y me gustó mucho. Me excitó. Quise pedirte que no fueras, quería tocarte. Encerrarnos, cogerte con el vestido puesto y luego quitártelo… pero sabía que te enojarías con la pura sugerencia, sabía lo mucho que querías ir… y me quedé frustrado, contando las horas, enojado por querer estar contigo y tener encima esa estúpida fiesta. Entre más te tardabas más me encabronaba. Dije cosas sin sentido, estaba enojado…

-Amor yo… no vi la hora…estaba tan molesta porque no habías querido ir conmigo que guardé el celular y cerré la bolsa… no pensaba llegar tan tarde, simplemente traté de pasarla bien ya que estaba ahí porque, me estaba saboteando la noche yo sola y no era lo que había planeado, no era lo que quería. Si me lo hubieras dicho… tal vez te hubiera hecho caso… No me gustó ir sola.

Entonces él mete su mano bajo el camisón, le toca la cadera y aprieta. Sabe muy bien el efecto que eso tiene en ella y funciona.

Paula pone la suya en su nuca y la sube un poco acariciando su cabello mientras lo atrae hacia ella y lo besa con fuerza.

Murmuran disculpas y reproches mientras se besan y se quitan la ropa, hasta que poco a poco las palabras son acalladas por sonidos imposibles de describir pero fácil de imaginar. Hasta que por fin duermen, desnudos y con las piernas entrelazadas, como todos los días. Con el corazón, la mente y el cuerpo en una misma frecuencia.

 

 

 

 

 

 

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