Sin cuenta ni fecha en el calendario

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La verdad es que no tenemos una fecha. Cada vez que me preguntan cuánto tiempo llevamos juntos se me hace bolas la memoria, entre los meses, los días y los momentos. 

Siempre me gustó documentar. Solía ponerle fecha a cada regalo o cosa que para mí tuviera un significado. Un boleto del cine, el ticket del estacionamiento, el pétalo de una de las rosas recibidas, la envoltura de un chicle o lo que sirviera para poder dejar constancia de un momento importante. No se me pasaba un aniversario y mejor aún, lo tenía todo guardadito en la memoria, cual calendario ni celular ni qué nada.

Así era en aquéllos primeros días, en los que me enfermé de eso que llaman amor y  una vez que te da, ya no se quita. 

Pasó el tiempo y después de todo, dejé de anotar y guardar cosas. No hay un día marcado en el calendario. A veces bromeo y digo que tendré que casarme de nuevo para tener pretexto de festejar un día, pero luego pienso en todos los momentos tan bellos que tenemos constantemente, en la libertad de celebrar cualquier día el gusto de estar juntos y me doy cuenta de que no he sentido necesidad de un aniversario.

Simplemente un día decidimos estar juntos y otro día, igual de bueno, decidimos compartir cama, baño y mesa,  y así sucesivamente.

La memoria me sirve para mucha cosas menos para pensar en un cuándo. Soy muy feliz viviendo mi presente. Me gusta reafirmar mi decisión de estar con él cada noche, cuando nos abrazamos para dormir y tengo todos esos preciosos minutos en los que somos sólo él y yo, sin ruido, sin luz, sin apuro…y entonces celebro que estamos juntos exactamente de la manera en la que soñé que estaríamos.

La verdad es que no tengo una fecha…pero tengo muchísimos momentos felices, buenos, memorables, irrepetibles, incomparables y tan valiosos que si los contara, en lo que menos pondrían atención sería en el día, el mes y la hora. 

No sé cuándo comencé a sentir, cuándo exactamente me di cuenta de que estaba enamorada o cuándo supe que lo quería de lleno en mi vida. No recuerdo números, pero recuerdo perfectamente olores, miradas, sensaciones, emociones y palabras. 

Mi cuerpo entero es un baúl de recuerdos en lo que a él se refiere. Lo reconozco con los ojos cerrados, le adivino el deseo al tacto, reconozco cada una de sus sonrisas y descifro a la perfección sus miradas. 

Todo eso lo tengo bien registrado pero no hay un número, nosotros simplemente estamos juntos día con día. Acumulamos cumpleaños, navidades, vacaciones, días de lucha, días de apoyo y días de éxitos. 

De vez en cuando nos recordamos uno al otro todo el camino que llevamos recorrido y soñamos con los años que nos faltan por compartir, bromeamos acerca de quién va a aguantar a quién, hablamos de lo que nos gustaría vivir  y hasta de quién debería morirse primero. 

Disfrutamos cada mañana. Vivimos lo que nos toca. Tenemos esperanza en lo que viene.

Después de todo, si contáramos los días, tendríamos que remontarnos a mucho más tiempo atrás, cuando nos conocimos, cuando comenzamos a vernos con afanes más allá de la amistad sin saber que un día estaríamos juntos de esta manera. Siempre fuimos atemporales, siempre juntos sin un comienzo o un final. Unidos a pesar de la distancia por la fuerza del pensamiento.

No tenemos una fecha específica en el calendario…pero mi corazón celebra todos los días el saberse enamorado, bien cuidado y correspondido…POR FIN.

 

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