Aquí nadie se rinde

Hoy toca biopsia de médula ósea. Un estudio necesario para saber si el cáncer de Leo también está en sus huesos o si solo seguimos ocupándonos del de la médula espinal. Le puse la crema anestésica en ambas manos, aunque anoche que la probé en mí misma no me pareció que realmente funcionara pues los tres piquetes con la aguja me dolieron casi igual que los que me hice en la otra mano, en la que no me puse crema. Sin embargo, rezo para que surta efecto por lo menos en su cerebro y realmente me crea que no le va a doler tanto cuando lo canalicen. 

A las 5:34 de la mañana me mandó un whats, porque desde que hizo suyo el viejo celular de su papá y le instalamos las aplicaciones necesarias, se ha vuelto muy tecnológico y en lugar de gritar el típico ¡mamá!, mejor manda whats y emoticones.

“Mami no puedo dormir tengo mucho miedo” fue lo que me escribió, después mandó otro a las 5:56 am “Mami, ven por favor”. 6:06 am “Mamá?”. Hasta las 6:17 escuché su cuarto mensaje “Mami, no puedo dormir ven por fa” y entonces sí me levanté, sintiéndome mal porque no había escuchado su primer mensaje diciéndome que tenía miedo. ¿Cómo es posible que no escuchara el celular a 50 cm de distancia? Si cuando era bebé lo oía cuando apenas empezaba a sollozar de un cuarto a otro.

Entré a su habitación y me acosté con él, lo abracé y le expliqué que estaba tan dormida que no había oído su primer mensaje pero que no debía tener miedo, que lo iban a dormir y que ni cuenta se iba a dar de nada, que la pomada no era mágica pero que seguro serviría y que a la hora del piquete él me iba a voltear a ver a mí para concentrarnos en otra cosa menos en el mentado piquete ese.

Lo malo fue que nos fallaron los cálculos y en ésta ocasión, por primera vez desde que comenzamos con esta prueba, no pude estar con él cuando lo canalizaron.

Comenzó a llorar desde antes de empezar a desvestirlo. Se le salían las lágrimas y me hacía preguntas ¿y si la crema no funciona mamá? ¿qué me van a hacer? ¿y esto para qué es? ¿y si no me duermen bien y me duele? Y a todas contestaba. La crema funciona, te van a hacer un hoyito en la cadera para sacar un pedacito de hueso para revisarlo y claro que te van a dormir bien, las enfermeras van a cuidarte. Saliendo nos vamos a desayunar y en la tarde ya vas a estar jugando, vas a ver que sí.

Aquí en el hospital hay que hacerlo todo rápido, así que mientras hablaba, le volví a poner el corsé que necesita para sostener sus vértebras, la bata y el gorro, mientras la enfermera le vendaba las piernas y le ponía esa especie de zapatos de tela.

Nunca dejó de sollozar, incluso comenzó a salirle sangre por la nariz, no sé por qué. Solo pude abrazarlo unos segundos cuando me di cuenta de que hasta ahí era requerida mi presencia, pues para todo lo demás estaría “solo”, y digo “solo” porque para una mamá toda la demás gente no cuenta si una no está ahí.

Lo levantó un enfermero de su silla de ruedas y lo acostaron en la camilla. Me volteó a ver y me dijo casi sin voz ” tengo miedo mami” y cerraron la puerta.

Me salí con todo mi desmadre (interno y externo) a sentarme en la sala de espera (desde donde estoy escribiendo) a dejar que por fin se me salieran las lágrimas y a agarrar tantito aire, porque allá adentro cada vez podía respirar menos.

Después de un rato salió la enfermera a pedirme que le prestara la crema  porque la primera canalización se había infiltrado y por lo tanto ya no servía, así que lo iban a intentar con la otra mano.

Quisiera haberle heredado a mi hijo mi tolerancia para el dolor físico, que no es para presumir pero por lo menos me ha servido mucho. El no tenerle miedo a las agujas y la paciencia en la recuperación después de cualquier intervención. Ninguna de esas cosas le pasé por genética ni por el cordón umbilical.

No he logrado convencerlo de que el miedo está en la mente y de que el dolor se potencializa si nos enfocamos en él.

No puedo evitarle nada, ni un piquete, ni un dolor. Nada. El cáncer lo escogió a él y no a mí. Y con todo y que puse mi queja y luego mis súplicas, ahí sentada en una banca del templo de Fátima, de todos modos resultó maligno.

Esto no es nada comparado con la cirugía de casi 10 horas que ya pasamos. Pero a esto no te acostumbras, de todos modos te angustias y te duele, con todo y pomada.

En este momento ya somos un montón de papás, la mayoría reza con los libros de oraciones que nos acaba de dejar un sordomudo que trae muchos y te los da a cambio de lo que sea tu voluntad. Otros revisan el celular y al parecer soy la única que escribe, llora y se suena la nariz casi al mismo tiempo.

De pilón hace un frío tremendo, traigo alergia y me gruñe el estómago de hambre, traigo una manzana en la bolsa pero prefiero esperar a que Leo salga para comer juntos, supongo que va a salir con ganas de comerse la silla de ruedas dado que suele desayunar a las 8:30.

He decidido tratar de no pensar en lo que falta, no porque quiera eludir la situación sino porque falta mucho todavía y pensar, en estos casos, no sirve. Hay que ocuparse y no preocuparse.

Ya hace casi una hora que salieron a preguntarme cuánto pesa Leo y a que les firmara la autorización para sedarlo, por lo tanto, ya no falta mucho para que salga, tal vez una hora más. Verán, se va volviendo uno conocedor de trámites, tiempo de los procedimientos y hasta de los medicamentos.

Esto nos cambió la vida como familia, pero más a él y a mí directamente. De un día para otro dejé de ir al gimnasio, dejé de trabajar, dejé de planear cosas, dejé de sentirme segura…de un día para otro él tiene cáncer y tiene que combatirlo. Dejó de ir a la escuela, dejó de caminar, lo operan, lo pican, lo revisan, le sacan sangre, lo anestesian, le hacen estudios y le faltan sus quimioterapias, radiaciones y quien sabe si más cirugías.

Dios sabe que la fuerza, el valor y la paciencia se los pido para él porque ni siquiera he podido darle una explicación creíble de por qué le dio eso. Los niños a esa edad todavía no saben de fe, no comprenden las decisiones de Dios, no saben de pruebas de vida. A ellos les duele y punto. Yo misma todavía me pregunto por qué si Dios lo ama tanto permite que algo así le pase a mi hijo o a todos los pequeños que hemos conocido en nuestro paso por los hospitales.

No estoy enojada, simplemente tengo muchas preguntas y pocas respuestas.

Y sin embargo, no reniego, aquí estoy, incrédula de cualquier iglesia pero muy creyente de Dios, orando todos los días por mi hijo, en comunicación constante con Él, agradeciendo cada noche los avances del día, las puertas que se van abriendo y las poquitas pero buenas noticias que nos van dando.

El tiempo parece detenerse aquí adentro, pero cuando salimos, nos damos cuenta de que la vida sigue, sin detenerse por nada ni nadie y que lamentarnos por lo que sucede, se vale, pero no debemos dejar de avanzar porque eso sería morirse en vida y por lo que respecta a nosotros, tenemos muchas ganas de seguir haciendo cosas, con silla de ruedas o sin ella, con cáncer o sin cáncer, el tiempo que Dios quiera… lo vamos a tomar todo.

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Un pensamiento en “Aquí nadie se rinde

  1. Profundamente conmovida por tu escrito, triste con la noticia de lo que le pasa a Leo, pero segura de que tiene en el amor de su familia la mejor arma en ésta terrible lucha. Mi abrazo solidario Erika, con el cariño sincero que nos une y la esperanza de que la mejoría y la recuperación de Leo se den pronto.

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