Cartas para un ratón…

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Mi amadísimo ratón:

Hoy se cumplen 83 días desde aquel en el que vi por primera vez tus tumores. Tú no te acuerdas, no tendrás memoria de ese día porque aunque estabas presente en el consultorio, todavía estabas bajo el efecto de la anestesia por la resonancia que te acababan de hacer y Luis cuidaba que no te cayeras de donde estabas sentado mientras la doctora nos explicaba por qué ya casi no podías mover tu pierna… por qué te caías tanto.

Después de la noticia regresamos a casa para que descansaras, Luis te ayudó a subir a tu cuarto y yo me metí a la cocina a intentar limpiar algo. Luego bajó a abrazarme y fue la primera vez que lloré sin fuerza en el cuerpo, se me doblaron las rodillas y de esa manera saqué toda esa incertidumbre que me inundaba desde meses atrás, cuando comencé a verte mal.

Me dejó llorar y luego me ayudó a calmarme porque me dijo: “Tranquila, que Leo no te vea así”. Fui al baño, me eché agua en la cara y tomé aire, pues no solo debía calmarme para que tú no me vieras así sino también para poder darle la noticia a tus abuelos, tus tíos y a tus hermanos.

Para cuando leas esto serás más grande y entonces entenderás que el significado de ser fuerte encierra un montón de acciones y actitudes que sirven para no romperte por dentro o bien para que aunque estés roto, los demás no lo vean.

La familia recibió la noticia con el mismo estoicismo con en que la recibimos Luis y yo. Hubo suspiros prolongados, de esos que más bien son intentos desesperados para agarrar aire de modo que las lágrimas no te traicionen.

Escuchamos la palabra “benigno” muchas veces durante esos días y otras palabras más que incluí de manera temporal en mi vocabulario para poder entenderme con los doctores. Supe lo que eran los senósidos cuando dejaste de sentir ganas de ir al baño. Supe la diferencia entre ependimoma y astrocitoma mientras investigaba tu diagnóstico, lo que era L, C y T cuando se referían a la ubicación de los tumores según tus vértebras. Supe para qué sirve una resonancia y lo que es un TAC. Lo que hace una trabajadora social, una tanatóloga, una enfermera, un residente y todas las especializaciones que puede llegar a tener un médico.

También supe lo que es tener miedo de que un hijo se te muera, lo que se siente verlo sufrir y cómo puedes ser la mamá más fuerte en un momento y al entrar al baño, desbaratarte y no ser nada.

Conocí ese cansancio tan diferente que te toca vivir cuando cuidas a un enfermo en un hospital. Cuando eres una mamá con un niño enfermo te vuelves la protección personificada. Imaginaba que tú eras como Link, en el videojuego de Zelda, y yo era tu espada y tu escudo. Quería ser lo más fuerte que hubiera en el mundo para ayudarte así que lo de dormir sentada molestaba, pero no mermaba mi decisión de estar ahí contigo.

Así como tú me preguntabas ¿por qué me pasa esto a mí mami? …yo también me lo preguntaba. Pero nadie tiene hasta ahora la respuesta.

Hace 83 días no sabía que las cosas iban a ponerse peores, que te iban a operar en Monterrey, que lo que suponían benigno en realidad no lo era, que no regresarías a la escuela y que el proceso de recuperación iba a ser largo y aún más desgastante.

Ahora también sé para qué sirve una radioterapia y una qumioterapia, los efectos, beneficios y desventajas de ambas, todo eso es información tan nueva que apenas la estoy comprendiendo y sobretodo aceptando.

Pero quizá lo más difícil ha sido escucharte. Hay días en los que bajas la guardia y mi escudo no te protege. Son esos días en los que me preguntas cuánto falta, dices que odias tu vida o se te quitan las ganas de comer.

Como mamá no te imaginas nunca una situación en donde tu hijo esté tan asustado que te grite ¡Te quiero mamá! ¡No me olvides! justo cuando está entrando a la máquina esa en donde pones todas tus esperanzas para que tu niño mejore. Pero ahí estábamos, juntos, siguiendo instrucciones y siendo cada quien lo más fuerte que podíamos ser en ese momento.

Todo ha sido difícil porque todo te lo están haciendo a ti y no a mí y porque seguido me quedo sin respuestas para tus preguntas.

Pero no creas que todo ha sido tristeza y desesperación en todo este tiempo. Las pocas buenas noticias, han sido tan buenas que nos han cargado las pilas casi al 100 por ciento, como cuando me enseñaste que podías caminar de tu cuarto a la sala de tele, como cuando nos dijeron que sí tenías cáncer pero era curable, como cuando volviste a avisar para ir al baño o como hoy que me dijiste mientras caminábamos hacia el vestidor, saliendo de la radiación, que era la mejor mamá del mundo. 

Me aguanté las lágrimas mientras te ayudaba a ponerte la ropa porque yo me sentí tan mala la primera vez que no subí la silla de ruedas al coche, para obligarte a caminar; mala también cuando el día de tu cumpleaños me dijiste que si podías faltar a la radiación y te dije que no, o cuando te regañé  en el hospital mientras estabas internado porque estabas tratando mal a las enfermeras cada vez que iban a ponerte medicamento.

Estoy segura de que para cuando leas esto ya no tendrás cáncer y te acordarás de todo  como el año en el que no fuiste a la escuela y vomitaste más que en toda tu vida, pero nada más. Veo en tus ojos que no tienes ganas de morirte y eso es suficiente para mí, para seguir siendo tu escudo y tu espada.

Para ese entonces también sabrás que en la vida, las batallas más difíciles son como ésta precisamente, que una decepción amorosa, reprobar un examen, que te despidan de un empleo o no poder tener algo que deseas, en realidad son asuntos que si bien no tienen una solución por lo menos no van a matarte. Por lo tanto, esto, lo que estas viviendo en este momento, cuando ya lo hayas dejado atrás, te dejará una de las lecciones más importantes que tenemos que aprender en la vida, la de no rendirse.

Sabrás que hay que caer y levantarse hasta que ya nada pueda tumbarte de nuevo.

Sé que llegará el día en el que ya no me consideres la mejor mamá del mundo, porque te negaré permisos, dinero, el coche y hasta te dejaré sin cenar muchas veces. Pero créeme que no me importará, aunque te enojes y me dejes de hablar. No me importará porque simplemente serás tú, pensando, sintiendo y viviendo, y eso mi ratón, eso es justamente lo que quiero para ti, la oportunidad de que existas y sigas llenando mi corazón de experiencias, buenas y malas, pero juntos. 

 

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