Siempre es buen tiempo para agradecer

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Alguna vez escribí un texto acerca del valor de la amistad y lo que para mí significaba ese regalo tan extraordinario, sin embargo, no sabía, ignoraba por completo que años más adelante tendría la oportunidad no solo de constatar y valorar todo lo que escribí, sino de sentirlo así tal cual, en el pecho, con un nudo en la garganta, con lágrimas y escalofríos en la piel.

Desde hace dos meses nuestra vida dio un giro muy importante y doloroso. Y pasó justo cuando estaba convencida de que la racha de mala suerte que venía arrastrando por meses estaba a punto de terminar. Por fin tenía trabajo y por fin nos íbamos de vacaciones. Imaginaba que a mi regreso las cosas en mi vida y en la de mi familia iban a mejorar cada día más. Estaba contenta, ilusionada y agradecida con Dios por todo lo bueno que veía.

Pero el universo de probabilidades diarias es tan grande que se nos olvida lo pequeños que somos y la vulnerabilidad que nos acompaña siempre.

Hoy no escribo para narrar una historia como tantas que les ha tocado leer, no he comenzado todavía a sacar de mi corazón lo que ha sido para mí y mi familia vivir con la realidad de que nuestro Leo tenga cáncer a sus casi 10 años de edad.

Hoy escribo porque necesito de manera imperante AGRADECER.

Han sido dos meses tan abrumadores que a veces pienso que me hace falta un cuerpo extra para poder darle espacio y tiempo a todo lo que siento.

Dicen que los verdaderos amigos se conocen en las malas, pero lo que me ha pasado ha ido más allá de eso.
No solo confirmé el cariño de aquellos a los que llamo amigos, sino que también los conocí en facetas en las que no hubiera sido posible conocerlos si no nos hubiera pasado esto.
Han sido tantos los que hicieron tangible las palabras “estoy contigo”, de tantas maneras y en diferentes ocasiones que no puedo evitar llorar cuando los pienso, a ellos, a todos esos amigos que han creado una especie de cerco alrededor mío con todo el afán de ayudarme como les sea posible.
Todos ellos, ya han tenido mi agradecimiento de viva voz, con letras o de frente, pero quiero que una vez más sepan lo mucho que ha significado cada acción suya.

Dios no solo me quiso brindar esa oportunidad, también quiso mostrarme su grandeza a través de una cantidad de personas, imposible de contar, que decidieron tomar un pedacito de mi pena y hacerla suya para a través de oraciones, rezos y peticiones, conformar una sola voz que Él pudiera escuchar para encomendarle a mi niño.

Hay personas que ni siquiera conozco que mencionan a mi hijo cuando oran, gente que probablemente nunca voy a ver, que se está tomando tiempo en este momento para pedir por la salud de Leo. Hemos recibido tanta bondad y amor que a veces hasta se nos olvida lo que estamos viviendo.

A todos ustedes, gracias.

Sé que me quedo corta con tan solo esas palabras, pero no tengo otras. Esta es la única manera que tengo de hacerles llegar a la mayoría de ustedes lo que siento todo el tiempo. Han logrado que mi corazón se sienta acompañado, han logrado que la recuperación de mi hijo sea rápida y asombrosa porque Dios está obrando en él gracias a que escucha su nombre en cada uno de ustedes.
Gracias por ayudarnos a convertir el dolor en lecciones de vida. Gracias por enseñarme a ver la grandeza de Dios y el efecto de la fuerza de la oración. No tengo con qué pagar todo lo que estamos recibiendo.
Gracias por llamar, por escribir, por recomendar, por preguntar y por estar.

No puedo ni siquiera nombrarlos porque la lista es hermosamente larga. Toda la ayuda que hemos recibido adquirió un valor incalculable porque ha sido oportuna, desinteresada y con mucho amor.

Aunque Leo no alcanza a dimensionar por completo la importancia de todo esto, le platico de todos ustedes, de lo mucho que están haciendo por nosotros y en especial por él, porque quiero que sea consciente de que Dios hace que todo se equilibre. Trato de que aprenda a ser agradecido empezando por estar vivo.

Así que espero que este mensaje les llegue a todos y que logre transmitirles aunque sea un poquito lo agradecida y conmovida que estoy por todo el apoyo y el cariño que hemos recibido durante este tiempo. Las buenas acciones y deseos siempre tienen una recompensa y estoy segura de que Dios tiene para todos ustedes muchas bendiciones.

Gracias a mi familia, por llorar conmigo, por abrazarme y ocuparse en lugar de preocuparse, por ayudar a hacerme fuerte. Gracias a mi Sofi, mi Santi y mi Luis por aguantar el descontrol repentino, por su esfuerzo para comprender, por lo que hacen sin que se los pida, por aguantar la tormenta tomados de la mano, todos juntos.

Gracias Dios por enviar esta prueba, en este momento de mi vida, cuando estoy en el lugar adecuado, con las personas correctas y con la fortaleza física y emocional necesarias para poder ayudar a mi niño a salir adelante.

Infinitamente… GRACIAS.

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