Cuando el amor se va, deja todo un desmadre…

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“Ya casi no hablamos, lo hacemos de vez en cuando y la verdad a veces hasta me molesta su presencia, pero ni modo de dejarlo”…

Escuché esa frase de una de mis amigas casadas el año pasado, mientras tomábamos frapuchinos y le entrábamos con muchas ganas al único cheescake con cajeta que habíamos pedido (porque pedir uno para cada una ya era mucho) y nos poníamos al corriente con todas las noticias, propias y de conocidos mutuos.

Obviamente me acordé de mí misma, de cuando vivía casada como Dios manda con aquel locutor tan jocosito y me pasaban cosas similares, unos días era así y otros no tanto, pero de igual manera pensaba “¿Y si lo dejo qué? ¿Y los niños? ¿Y nuestras familias?  Y luego si me separo sabrá Dios qué voy a hacer sola, capaz que nunca me vuelvo a casar…y trabajar…hace tanto que no trabajo…”

Se me cerraba el mundo y se me iban las noches y los días siendo medio feliz, estando medio deprimida, medio satisfecha, medio enojada, medio cómoda…viviendo a medias todo pero haciendo como que no me daba cuenta y como que no pasaba nada.

Es increíble de verdad, la cantidad de gente que comienza a levantar la mano y decir “Yo también” cuando te conocen y saben que estás divorciada, a veces las razones salen sobrando, la cosa es tener esa sensación en común, la de la ausencia de algo en relación a tu pareja.

Lo obvio al escuchar a mi amiga hubiera sido aconsejarle que se separara, que no tenía por qué estar aguantando vivir así, que todo tiene solución y que aunque pareciera difícil o hasta imposible la vida después del matrimonio, realmente no lo era. Pero no le dije eso.

Lo cierto es que no soy anti-divorcio, porque entonces sería una total hipócrita y la verdad es que me ha ido muy bien, pues desde que me divorcié comencé a vivir realmente mi vida, trabajo, estoy enamorada, mis hijos están conmigo y me regresó el alma al cuerpo, literal. Pero aún así soy pro matrimonio, creo totalmente en el compromiso y realmente deseo que mis hijos nunca deseen o tengan qué divorciarse.

Hoy hablaba con otra amiga, la más mocha de todas pero a la vez una de las más honestas. Y comentábamos lo difícil que es mantener un matrimonio, seguir enamoradas, ver las cosas buenas por encima de las malas, de cuando te cansas tanto que hasta el cuerpo te duele. De todas las veces que te quieres rajar y piensas por qué chingados tu marido es así…y viceversa. Siempre decimos en broma (pero es en serio) que su marido es un santo por aguantarla tanto, porque a ella muy seguido se le sube el apellido y jode como si fueran tres mujeres juntas en una, o sea incansablemente.

No podemos ser más distintas, de verdad, sobre todo en cuestión de moral, y no es que yo no la tenga o que ella sea monja, no, pero yo soy pro tatuajes, considero que ver porno no es malo (puede ser didáctico), hablo con Dios desde mi casa o mientras manejo, le digo sí a la fertilización in-vitro y defiendo a toda costa el derecho a salir con amigas y viajar sola mientras que a ella le cuesta aceptar algunas de esas cosas. Y nos llevamos de maravilla desde que tenemos 16, pero imagínense lo que me costó decirle que me quería divorciar y peor, decirle mi motivo número uno… que ya no lo amaba.

Mocha y todo pero me dijo: “No güey, no me chingues”. Y yo: “Pues no lo amo, hace mucho que no se me antoja acostarme con él y pa acabar pronto, me cae re gordo. Últimamente hasta me cuesta trabajo hablarle y nomás me estoy acordando de todas sus pendejadas, entre más me acuerdo más coraje me da y entonces ando todo el día enojada, ya no me aguanto ni yo sola, comadre, ya no puedo, te juro que ni con un exorcismo se me va a regresar el amor al corazón o se me va a salir este chamuco”

Pero al final me entendió, como siempre ha sido. A regañadientes y todo pero hizo a un lado todo lo que ella es y en lo que cree y fue mi amiga, tal cual.

Así que hoy me decía: “eso parece enfermedad, qué mundo les va a tocar a nuestros hijos, no puede ser que así nomás la gente se canse, se aburra, deje de luchar y se divorcie” y le dije “Amiga, es que tú sí le atinaste, así de simple. Esto es un albur, juras que es para siempre y que todo va a ir de bien a mejor y no siempre es así, punto. Las personas cambian o peor, no cambian nada, no ceden, no maduran, no crecen juntas y ahí es donde deja de jalar el coche y te tienes que bajar”

Y así es, es muy triste y parece fácil, pero no lo es, créanme, para ninguna de las dos partes. Ni para el que deja ni para el que es dejado. Todo el mundo sufre, de diferente manera e intensidad pero hay dolor simplemente porque un día hubo amor.

No es fácil dejar de amar y darse cuenta, la mayoría optamos por hacerle al pendejo porque estás convencido que separarse no es opción porque vas a lastimar a tu pareja, porque ya no estás pa semejantes trotes, porque eres cobarde, porque no amas pero sientes afecto y no estás tan mal, por el qué dirán, porque tus motivos te parecen débiles o porque te va a salir carísimo el divorcio. Encuentras excusas todo el tiempo y se triplican si tienes hijos. Pero te vas echando a perder por dentro y comienzas a acumular reproches, a verle defectos a tu pareja, a molestarte por todo…lo castigas como puedes porque es la manera que encuentras de sacar tu frustración.

Del otro lado comienzan a sacarse de onda, a hacerse preguntas, a presentir que algo pasa, a preguntar si ya no los quieren así como medio en broma medio en serio. Y hay unos a los que les entra la paranoia tan fuerte que comienzan a revisar el celular, la bolsa, la cartera y hasta hacer labor de detective al grado de seguirlos.

La realidad es que cuando el amor se va deja un desmadre y de repente ese par de personas sienten que son completos desconocidos, quedan como barco a la deriva sin saber a dónde ir ni qué hacer hasta que alguno de los dos se arma de valor y decide darle rumbo al barco, el que sea, el chiste es llegar a puerto y bajarse.

Hay quien le apuesta a la voluntad de Dios, otros a la guía de un terapeuta, otros deciden que es mejor malo por conocido que bueno por conocer y otro más simplemente no pueden con el qué dirán y mejor se aguantan por fuera mientras se mueren por dentro.

No soy una feliz divorciada, aunque mi ex marido se haya vuelto el blanco de mis sarcasmos e ironías (porque se pone de pechito) la verdad es que no me gustó divorciarme, eso no es ni será bonito nunca. Soy una romántica creyente del para siempre y darme cuenta (el día que salió del baño, en calzones y ensayando el comercial que iba a grabar) de que ya no me gustaba para nada, nadita de nada, fue muy fuerte. Me puse a llorar y me sentí como dice Paquita la del barrio, un bicho rastrero. Ese era mi marido, y se suponía que siempre iba a gustarme, que siempre lo iba a querer y que nos íbamos a hacer viejos juntos.

Como les dije, el amor se va un día y nos deja inutilizados.

Pero cuando ya no hay marcha atrás, porque uno de los dos de plano dice “basta” entonces no queda de otra más que retirarse, con dignidad o sin ella, con clase o mentándose la madre, con dinero o sin dinero, como sea, pero hay que retirarse porque el amor no se mendiga y no hay que perder tiempo para reconstruirse y levantar la autoestima.

Mi amiga, de la que hablaba al principio, sigue casada y cuando le pregunto que cómo está dice: “mmmm, pues bien, como siempre…” Pero sigue sin decidir sobre su vida y prefiere que el tiempo haga lo suyo o que Dios obre según su voluntad.

Dicen, que Dios dice “ayúdate que yo te ayudaré” o lo que es lo mismo, ponte las pilas, piénsale y entre los dos vemos qué hacemos, pero muévete.

Así que les digo, a todos los que aún no saben que hacer, a los que tienen años sin poder tomar una decisión o a los que ya la tomaron y están que se los carga el payaso… que todo pasa, que el amor sí existe y que ni el matrimonio ni el divorcio son lo peor del mundo, simplemente son etapas y que como tales hay que vivirlas de principio a fin. Que el dolor parece interminable pero sí se va, que cuando pasa la tempestad realmente llega la calma y que nuestro bienestar y salud emocional, mental y física depende única y exclusivamente de nosotros y no de la persona con la que vivimos, ni siquiera de nuestros hijos.

Somos responsables de nosotros mismos y perfectamente capaces de cambiar una tristeza por una alegría, pero no solo hay que querer, hay que hacerlo. No sirve de nada quejarse y lamentarse de cómo se vive o de lo infeliz que eres, lo que sirve es quererse a sí mismo, ser honesto y justo. Así que si usted ya no ama, dígalo, no le haga el favor a su pareja de quedarse por lástima o costumbre, y si le dicen que ya no lo aman entonces agarre los pedacitos de su corazón, desahóguese, sufra y luego levántese y a lo que sigue.

Amor siempre hay, la vida es corta y el tiempo muy valioso. Es preferible vivir poco pero feliz, a vivir muchos años con la amargura al hombro.

 

 

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